Excepción al silencio

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

26 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NINGÚN ESPAÑOL sensato se plantea saberlo no ya todo, sino siquiera lo más sustancial del tanteo, conversación, negociación o lo que sea entre el Gobierno y ETA. Pero hay momentos en que el silencio absoluto sobre contenidos e intenciones conduce al equívoco y puede desembocar en la frustración. Una de esas situaciones se dio cuando el robo de unos cientos de pistolas, y se acaba de repetir con el hallazgo de al menos un zulo inicialmente considerado activo, un depósito de armas que, de ser ciertas las primeras impresiones, se habría construido en pleno alto el fuego. Es en momentos así cuando los demócratas que no están entregados a nadie se preguntan si no se estará incumpliendo el acuerdo parlamentario de negociar sin violencia. Cierto que no tenemos certezas, o, cuando menos, hipótesis, de las que ahora sí tendrían que hacernos partícipes: si el zulo puede ser obra de una ETA única y más o menos monolítica, o si ha sido realizado por una rama contraria a la negociación, de espaldas a los que persiguen, ellos también, el fin de la violencia. Cada una de esas suposiciones podría corresponderse con una actitud del Ejecutivo, y varias de ellas requerirían congelar cualquier tipo de contacto, cosa que también ignoramos si se está haciendo. Los silencios permanentes requieren estas compensaciones de desvelar lo que ocurre en tiempos en que la zozobra permanente se hace más densa y dubitativa. Ahí es donde los políticos de altura tienen una tarea que va más allá de ese pueril apuntarse todos al discurso del Rey, sentirse aludidos por él e implícitamente elogiados por cumplir su indicación. Puede tener más mérito servir al pueblo y no hacer que una oscuridad que no es inevitable aparte del camino de la esperanza a muchos españoles confundidos con lo que se atribuye a ETA cuando nada se sabe de lo que hace el Gobierno consecuente con aquello.