El periódico

LUÍS VENTOSO

OPINIÓN

04 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EN LOS últimos años se han cernido sobre los periódicos nubarrones y coros de agoreros. Especular sobre cuanta vida les resta a los diarios en papel se ha convertido en un pasatiempo que entretiene a los gurús de la sociedad de la información. Como es imposible responder basándose en datos empíricos, todo el mundo queda bien aventurando una fecha con ceño bien fruncido y mirada visionaria. Aunque a veces lo más cauto es no hacer profecías que puedan exceder tu propia esperanza de vida: Ted Turner, fundador de la CNN, vaticinó en 1981 que la prensa de papel se acabaría en 1991. El problema es que los diarios siguen vivos. Y él también. Bill Gates dice que no llegan a cinco años. El actual presidente de su compañía es más cauto y les otorga dos décadas de gracia. Philip Meyer, un profesor de periodismo de Estados Unidos, ocupó titulares en todo el mundo occidental al ser capaz de certificar con pasmosa exactitud que el periódico con olor a tinta expirará en el 2043, ni un año más ni uno menos. En el fondo, el debate es epidérmico y revela una concepción un tanto liviana de lo que es un diario (o mejor dicho: un gran diario). Un periódico es una idea, y todos los que han tenido y tienen lustre, los que han perdurado en el tiempo, han tenido una detrás. Se puede contar el mundo cortando eucaliptos para hacer pasta de papel o viajando a través de la fibra óptica, pero la médula es otra: ¿Qué se cuénta y para qué? ¿Cómo se gana y se mantiene ese depósito de confianza, intangible y valiosísimo, que hace que los lectores crean a tu cabecera a través del tiempo? La Voz de Galicia estuvo ayer de fiesta porque una persona ha encontrado esas respuestas y también al equipo -mil personas- que trabaja todos los días para imprimirlas. ¿Papel? ¿Pantalla? Entereza, lealtad y un ideal: Galicia.