Mutis del intermediario

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

18 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

HAY PERSONAJES que se esfuman de repente, se disipan, estaban y ya no están o están a otra cosa. Son versátiles y raudos en su ir y venir de uno a otro tema. De ellos se contaba hace tiempo que lo mismo servían para un roto que para un descosido. Hoy sabemos que nada les gusta más que un roto o un descosido para dárselas de memoriosos y ejercer de profetas. Y si hay problemas, se esfuman. El ex presidente americano Carter es un buen ejemplo de esa inclinación a echar los bofes en beneficio de quien se ponga a tiro. Este buen hombre acaba de presentar un informe sobre cómo podría Israel mejorar el estado de sus cuestiones. Los israelíes han leído el informe y juran que prefieren quedarse como están. En esa misma línea de hacer el bien de modo que a quien le toque ya no levante cabeza, se encuentra Pérez Esquivel, premio Nobel en el arte de ser Pérez Esquivel, y a quien vimos ayer diciendo que lo de ETA iba por muy buen camino, y vemos hoy apoyando la política humanista y desprendida del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad. Carter también anduvo en su momento asesorando lo que se debía hacer con ETA. Es un tema que les pone. Y como les pone, tienden a una expresión lírica de las cosas. Así, por ejemplo, seis personalidades internacionales apoyaron hace tres meses la negociación con ETA, «un arduo pero gratificante camino» con el que se comprometían en todas las iniciativas habidas y por haber. Eran el ex presidente italiano Francesco Cossiga, el portugués Mario Soares, el dirigente del Sinn Féin Gerry Adams, el líder del Congreso Nacional Africano, el fundador del Partido de la Revolución Democrática mexicano y el mencionado Pérez Esquivel en representación de su propia ubicuidad. No han vuelto al tema después del 30-D. Ni uno se ha sentido en el deber de decir algo. Tampoco se ha vuelto a saber cosa alguna de aquellas mujeres del colectivo Ahotsak ('voces') que, acaudilladas por la ex parlamentaria de Batasuna Jone Goirizelaia, anduvieron de aquí para allá hablando de la paz como «exigencia colectiva», y del derecho a la defensa de todos los proyectos políticos sin excepción, y del respeto debido a lo que decida la sociedad vasca, y del propósito de su asociación de «blindar» el proceso de paz y hacerlo «irreversible». Se supo, por ejemplo, de ellas en Madrid el pasado 18 de diciembre. Pero ya no se ha sabido más. Tampoco de su «blindaje».