La línea roja del presidente

| ANDRÉS PRECEDO LEDO |

OPINIÓN

01 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

NO ALBERGO duda alguna sobre la buena intención del presidente de la Xunta en sus propuestas para Galicia, ni tampoco de la acertada receta común de sostenibilidad, tecnología e investigación como estrategia de futuro. Sin embargo, si a pesar de los aciertos, las decisiones de riesgo se reiteran en el tiempo y si sus resultados son dudosos, es necesario algo más. Por ejemplo lo de Pescanova, que se adaptaba a los tres principios citados y que, aun admitiendo diversas lecturas, introduce un punto de riesgo en el necesario equilibrio entre desarrollo económico y medio ambiente. Por eso entiendo al vecino del cabo Touriñán que escribía: «Mirando os montes non se come», máxime cuando su paisaje natural está hace tiempo deteriorado y la aldea vecina constituye una deprimente muestra de la Galicia más pobre, más atrasada y más abandonada que pudiera pensarse, de una Galicia miserable de la que hace tiempo queremos huir. Un punto rojo que se añade a la línea por la que se desliza una Galicia que, desde dentro y desde fuera, empieza a cuestionarse. Primero, el punto rojo de la fallida negociación con Unión Fenosa; después la claudicación al posponer a Galicia en las prioridades del AVE; la negativa a la comisión de investigación sobre los incendios forestales, unida al tratamiento político de las causas (las tramas) y de las riadas (el urbanismo); el bloqueo innegociado de nuestra industria forestal y papelera; el intento de intervenir decisiones privadas de empresarios gallegos; la justificación de nuestro declive turístico relativo; la falta de fuerza para contrarrestar las políticas europeas de energía, de anticontaminación marítima, de explotaciones lácteas; incluso la bien intencionada pero no tan bien articulada y sopesada política de control urbanístico y territorial. La gestión sanitaria y educativa son ya borrones y el asumir íntegramente la decisión sobre la Ciudad de la Cultura, un río de tinta. Y no sumo las explícitas contradicciones y rectificaciones internas. Tal vez sea que yo esté equivocado y que la línea roja representa un pasado que hay que borrar y sustituir por una línea naranja entre la Ciudad de la Cultura y la Ciudad de Mar, desde Santiago a Vigo. Pero, mientras tanto, nuestros paisanos, todos, necesitan contemplar la belleza de nuestro activo paisajístico con el estómago satisfecho y el tiempo ocupado. A no ser que los epitafios en gallego, con los apellidos galleguizados, aporten un futuro mejor a la Costa da Morte y, en general, a la mortecina pirámide demográfica gallega.