Cordón umbilical

JUAN J. MORALEJO

OPINIÓN

05 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

RECORDABA mi padre que en su Argujillo (Zamora) la guadaña de las diarreas y otras puñetas por el estilo segaba todos los veranos unas cuantas vidas de críos y mi madre nos añadía iguales memorias de su Trado y Cortegada (Ourense), y estamos hablando de los primeros años del siglo XX. Ambos coincidían en recordar con qué santa pachorra se digería aquella miseria y cómo el sonsonete de ¡Angelitos al cielo! era la chorrada consoladora habitual. Perdóneseme que pueda estar muy equivocado en los detalles e incluso en el fondo del proceso que hace días me dio un alegrón mayúsculo: parece que está ya fuera de mayores peligros el hijo de un compañero de Facultad, el crío que parecía condenado por una leucemia a que sus padres lo despidiesen con el sonsonete ese de ¡Angelitos al cielo!, santa resignación y sufra canejo, sufra y no llore, que es voluntad de Dios, que hila muy fino en lo que le conviene al crío y no tiene por qué explicar el hilado a los padres... Me parece que al crío le dio tiempo a tener una hermana cuyo cordón umbilical le fue a él cable de salvación. Nótese que no hay por medio aborto ni cosa por el estilo, creo, sino una nueva vida que salva otra. Bueno, puesto ante marrullerías de los saduceos, Jesucristo, que de Religión sabía un montón, dejó muy claro que Dios es Dios de vivos, no de muertos. De principios del XX a principios del XXI ha habido (por desgracia en sólo una pequeña parte del Mundo) un gigantesco, divino, progreso para que apenas tenga cancha esa triste memez de ¡Angelitos al cielo! Días atrás pregunté por el crío, y me dio el alegrón porque ya le habían dado el alta, y hacía yo mis deberes en el pasillo paralelo al de los críos con su suero y su botellón que los salva de la crueldad necia que hace veinte o treinta años se los llevaba sin remedio. Un par de visitas a esos críos podría ahorrarnos mil estupideces por católico cuadrado. Y el caso es que un matrimonio catalán no encontró un donante con médula para el trasplante con que curar la leucemia de su hija y ha tenido que acudir a la reproducción asistida, a la que no acierto a verle vicio ni maldad -¡perdonen que sea de Letras!- y sí le veo que es seleccionar una nueva vida que salvará otra. Según los papeles a mi disposición, un miembro de una Federación de Médicos Cristianos declaró que «no es correcto» tener un niño para salvar a otro. Si entendí bien que la selección genética de embriones se enfoca a tener un nuevo hijo con que curar al hijo enfermo, tengo la impresión de que al médico cristiano en cuestión se le puede aplicar lo que decía Jardiel de aquél que sabía tanta Álgebra que era una autoridad en Numismática. Y también declararlo incurso de hoz y coz en la mayoría de españoles que -¡vivan las cadenas!- en encuesta reciente consideran que Ciencia y Técnica traen más perjuicio que beneficio. Otros hay no les molan las transfusiones o que, muy atentos a la tradición y a la rima, se lavan los pies cada dos meses o tres.