JUAN GÓMEZ-JURADO
05 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.EL EXCELENTE reportaje publicado ayer por La Voz de Galicia acerca de la situación de la Justicia en nuestra comunidad arrojaba resultados alarmantes. Con Galicia de segunda por la cola en rapidez de la justicia por detrás de Canarias, el reportaje retrata un panorama desolador de juzgados atestados y expedientes formando inmensas pilas en despachos abarrotados. En España, por mucho que le pese a Alfonso Guerra, sigue prevaleciendo el principio de separación de poderes. Montesquieu es un muerto que goza de buena salud, pero su cadáver tiene partes que funcionan fatal. Para solventarlo, los juzgados gallegos necesitan más salas de instrucción. Lógico. Una industria funciona bien hasta que la demanda rebasa un punto X en su capacidad de producción, a partir del cual hay que incorporar más maquinaria. Si la Justicia fuese una industria autónoma, sólo tendría que sacar la chequera. Pero adivinen a quién tienen que pedirle los jueces más salas. ¿Una pista? Es una institución tan lenta que perdería la carrera de los 100 lisos contra una tortuga con Valium. Si ha pensado en la Xunta, lo ha adivinado. Y que yo sepa, eso es Ejecutivo, no Legislativo. Es normal que la Xunta le dé el dinero a los jueces, porque la Xunta tiene capacidad recaudadora y los jueces no van a ponerse en semáforos a limpiar parabrisas para juntar pasta. Lo que no es normal es que la Xunta «atienda» la petición y no dé una fecha de ejecución. Señores, la justicia es la fontanería de la democracia. Si a usted en casa se le atasca la bajante, la quiere arreglada para ya. No dentro de diez minutos, ni mucho menos sine díe. De la misma manera los jueces deberían poder acceder a los fondos públicos en el plazo de quince días. De lo contrario el salón se nos va a llenar de porquería.