Las enseñanzas del «Marine I»

DAVID R. VIDAL

OPINIÓN

09 feb 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

SU DESTINO era engrosar las interminables estadísticas de llegadas de inmigrantes a Canarias, pero una avería mecánica los ha sacado del anonimato al situarlos al borde de la tragedia. Ha faltado poco, realmente poco, para que los remolcadores tirasen en dirección opuesta, pero finalmente los trescientos inmigrantes que se hacinaban en el Marine I acabarán en Mauritania y no en España. Las primeras declaraciones del presidente de ACNUR decían que no estaba claro si alguno de ellos querría pedir asilo, pero sin duda se equivoca. Es obvio que los paquistaníes de a bordo han volado hasta el continente africano, cruzado desiertos, pagado miles de euros a los traficantes y realizado la épica, aunque malograda, aventura final en barco negrero para pedir asilo en Canarias. Porque Canarias ya es algo más que un destino turístico. De hecho, parece que hay 305 inmigrantes que dicen ser, aunque no serán, de Cachemira, lugar conflictivo. Y hacen bien en mentir si ello les reporta ventaja para acceder, como perseguidos políticos, a la tierra prometida. Pero lo cierto es que estamos ante inmigrantes económicos, que son creciente legión a la par que aumenta la brecha económica con la rica Europa. Aunque han conservado sus vidas y sus enfermedades serán tratadas, no se puede decir lo mismo de sus ilusiones. A estos inmigrantes nadie les va a devolver esos miles de euros perdidos, que han enriquecido aún más a los miserables promotores de la chatarra flotante. Mientras tanto, Mauritania asciende puestos en el rol de la inmigración ilegal y sus dirigentes, el coronel golpista y sus ministros, ven con satisfacción cómo los europeos acuden a negociar una y otra vez. Gobernaban a pescadores y agricultores, ahora son gestores del infortunio de otros. El Gobierno español haría bien en repartir prebendas con mesura, puesto que su exceso puede causar avaricia y hacer de la excepción una práctica habitual.