YA SE han consumido dos jornadas de juicio del 11-M. ¿Se puede hacer un balance provisional? Por lo menos se debe intentar, sobre cinco protagonistas, que son: el juez Gómez Bermúdez, las víctimas, la fiscal Olga Sánchez, los acusados que prestaron declaración y las acusaciones particulares. Todos ellos, de forma individual, constituyen el paisaje sobre el que se está empezando a buscar la verdad. La primera sorpresa la proporcionó el juez que preside. «Implacable», lo califican algunas crónicas. Está siendo la imagen viva de la autoridad. Aporta un aire moderno a la costumbre judicial española. Tiene un estilo americano de llamar la atención a los abogados, de rechazar preguntas, de cortar rollos leguleyos e incluso de reprender a los traductores. Bajo su presidencia, serán imposibles los desmadres y las maniobras. Las víctimas están siendo un ejemplo de temple. Las sillas vacías, la muestra de cómo todavía viven bajo los efectos de aquel impacto terrible. Y el cruce de miradas entre Pilar Manjón y uno de los acusados ha recordado inevitablemente la escena en que María San Gil miró al asesino de Gregorio Ordóñez. Los ojos que tanto han llorado son hoy ojos de acusación. Penetran hasta la conciencia. Los acusados que hasta ahora prestaron declaración, con la excepción de Zougam, practican idéntica estrategia: responder sólo a la defensa y negarlo todo. Parece lo más natural. Pero sitúan a los jueces ante una dificultad: seguro que todos han juzgado a terroristas. Pero ninguno de los sentados en el banquillo había condenado los atentados. Estos islamistas lo hacen. Los condenan todos. Esta es una novedad que, sincera o estratégica, descoloca a los magistrados. La negación de su participación hace que, por el momento, no haya ninguna luz nueva sobre el atentado y su autoría. No resulta injusto sostener que se está fortaleciendo la teoría de quienes han criticado la instrucción judicial. Pero ahí están las preguntas de la fiscal Olga Sánchez. Y, aunque no han obtenido respuesta, significan que existe una gran cantidad de material probatorio. El momento de la presentación de pruebas será el gran momento de la luz. Y, por último, las acusaciones particulares. Por razones que no sé interpretar, plantean cuestiones que no están en el escrito de acusación o sobre las que no hay una sola prueba en el sumario. Y una pista: la Asociación Víctimas del Terrorismo es la única que está planteando los vínculos con ETA. Representa, por tanto, la teoría de la conspiración. Estos son, en trazo grueso, los grandes perfiles de los dos primeros días de juicio. Creo que todavía no se pueden obtener otras conclusiones. Tampoco esperábamos más. El juicio sólo acaba de empezar.