EL RIFIRRAFE que se ha producido en el Congreso de los Diputados con ocasión del estreno del nuevo ministro de Justicia puede ser un indicador, con otros, del nivel de cultura democrática que se está desarrollando en las instituciones. La trayectoria del fiscal podría dar pie para que el PP conjeturase cuál iba a ser el rumbo que tomase como ministro. La cortesía democrática y la prudencia, y hasta el cargarse de razón, requería esperar a que aquél declarase y actuase. Las formas son fundamentales en una democracia. El presidente Bush, en horas bajas de popularidad, las respetó de un modo exquisito en su último discurso sobre el estado de la nación, ante un Congreso en el que se encuentra en minoría. Declaró, con elegancia, que constituía para él un gran privilegio y honor dirigirse por primera vez a la señora presidenta de la Cámara de representantes, felicitando a la mayoría demócrata. Unas quince veces fue aplaudido por los congresistas. Es innecesario recordar que los partidos se encuentran ya inmersos en una larga campaña preelectoral. Ni sus diferencias respecto de la situación de Irak fueron obstáculo para acoger con aplausos otras iniciativas, incluso en política internacional. De las frases dirigidas a los congresistas, puede ser significativa del modo de entender la representación pública la siguiente: «A los ciudadanos no les importa de qué lado del pasillo se sientan, mientras estén dispuestos ustedes a cruzar ese pasillo cuando haya trabajo por hacer». Las instituciones del Estado se desprestigian cuando se convierten de continuo en el campo de batalla partidario. En el debate a propósito de la recusación de un miembro del Tribunal Constitucional, es éste el que termina dañado en su credibilidad. La petición es legal; su aceptación, tan respetable como su rechazo. Se ha producido una situación de innegable incomodidad para la convivencia, agravada con la atribución de posiciones predeterminadas respecto del Estatuto de Cataluña. Encomiable hubiera sido que el afectado, a la vista del resultado de la votación, con defensa de su derecho al honor, hubiera desistido de participar en el discutido recurso de inconstitucionalidad. No mejor parado ha salido el Consejo General del Poder Judicial, cuya legitimidad fue negada por el ministro de Justicia. Ante sucesos luctuosos como la muerte de una soldado en Afganistán, urge cultivar el sentimiento patriótico. Los soldados, hoy, son profesionales, y están actuando, como tales, en un escenario bélico, aunque sea bajo el escudo de la ONU y de la OTAN. ¿Es una guerra? Lo es para quienes de una manera alevosa atentaron contra el convoy español. Para qué vamos a engañarnos. Irak sigue enturbiando las relaciones entre los partidos políticos mayoritarios. Demasiada confrontación. Se refleja en la valoración de los líderes políticos en la última encuesta. Los ciudadanos quizá deseen que no exista más confrontación que la correspondiente a una democracia avanzada.