Ferrolterra

CÉSAR CASAL GONZÁLEZ

OPINIÓN

06 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

EL Gobierno, en respuesta parlamentaria, confirma el veto a la planta de Reganosa en Mugardos. Un reto difuminado en veto. Sus dos tanques de gigante se quedarán sólo para insuflar gas a los ciclos combinados de Fenosa y Endesa sin salida para los hogares. No habrá más ni se desdoblarán infraestructuras para los potenciales clientes domésticos. De tan domésticos que somos los gallegos nos convertimos en domesticados. Un ojo atento con lupa informativa se dará cuenta de que un tiburón económico sale beneficiado. Es Enagás, que seguirá con el monopolio a la soviética de servir el gas en exclusiva a los hogares. Lo hará desde su planta de Huelva y por el gasoducto de la Plata. Si el veto gubernamental continúa, Enagás repetirá atracón con su proyectada planta en Gijón. Adiós a una arteria que dé salida al gas por Ponferrada. El negocio reducido a golpe de letra oficial. El interés nacional parece, a veces, un teorema de Dalí. Incomprensible. Ahora entiendo por qué a los gallegos no nos toman en serio. Inventamos el futbolín en vez del submarino o el helicóptero y nos toman de coña. Piensan que creemos que Tip y Coll eran tres, ahora que están los dos en los cielos. Se subrayó que a Ferrol la crearon en los despachos y la deshacen desde los despachos oficiales. El corazón urbano de Ferrol está trazado con escuadra y cartabón. La Ilustración fue su faro. Pero apagan ahora este soplo de gas en una decisión extraña. El equilibrio urbano de Galicia pide a gritos que Ferrolterra crezca. Que vuelva a ser lo industriosa que fue. Que inviertan y reviertan y que no conviertan a Ferrol en el lenguaje perdido de las grúas, en un yermo solar postindustrial. Tanto talante ahoga el talento de una tierra bella y ejemplar, «donde acaba el mar» y tiene que empezar ya el futuro.