LA transformación social de España y, por tanto, de Galicia en el último medio siglo ha provocado que convivan en el tiempo generaciones que ya no conocen casas sin calefacción con otras que curaban los sabañones de la infancia escolar en la cocina de leña. El todavía corto recorrido del Estado del bienestar en Galicia explica, quizá, que la reivindicación de los derechos sea menor que en otras sociedades europeas, para satisfacción de las empresas que prestan servicios o de las Administraciones que incumplen sus deberes. Porque somos todavía unos ciudadanos complacientes en exceso, el gesto de protesta de una conductora que el miércoles se negó a pagar el peaje por el mal estado de la Autopista del Atlántico se convirtió en noticia. Begoña López, una santiaguesa que todos los días traquetea sobre los baches de la AP-9 para desplazarse a trabajar a A Coruña, es una heroína de los nuevos tiempos, sobre todo al no arredrarse ante la retención ilegal de 50 minutos a la que fue sometida en el peaje por no pagar un servicio mal prestado.