La gresca mediática

OPINIÓN

11 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

LA GRESCA que protagonizan algunos medios de comunicación con sede en Madrid está causando alarma entre los propios periodistas, que detectan la agudización de un progresivo encono o radicalización de carácter sectario. Algo que no existe en los medios de comunicación del resto de España, pero que podría empezar a existir si ciertas malas pautas profesionales se propagasen o extendiesen por puro contagio. Cabe confiar en que no será así, porque hasta ahora no hay indicios de tal desplazamiento. Sin embargo, tampoco lo de Madrid es tan grave como los mismos medios concernidos creen (respecto del comportamiento de sus rivales, claro). Hay un cierto papanatismo en la propia confrontación que pretende engrandecerla, cuando lo que existe no es más que una competencia mal entendida que ocasionalmente desborda los cauces de la profesionalidad debida (caso 11-M, por ejemplo). Basta con asomarse a la prensa estadounidense para darse cuenta de que esto es un juego de niños si se compara con la trifulca el año pasado de la prensa conservadora contra The New York Times por revelar detalles de un programa internacional destinado a vigilar y rastrear en secreto las transacciones financieras de sospechosos de terrorismo vinculados a Al Qaida. Bush clamó «¡vergüenza!» y el vicepresidente Cheney cuestionó los premios Pulitzer obtenidos por el prestigioso diario. Pero los principales ataques provinieron de otros medios, como The National Review , que denunció una supuesta connivencia entre izquierdistas de los servicios de inteligencia y periodistas contrarios a la guerra, y The Weekly Standard -el semanario de opinión de Murdoch en EE.?UU.-, que acusó al diario neoyorquino de ser una auténtica amenaza para la seguridad nacional. Acusaciones que, en EE.?UU., pueden tener unas consecuencias muy graves, y que quizá no las tuvieron porque Bush ya no cuenta con el 85% de la población de su parte ni domina las Cámaras. Esa greña americana sí que acumula veteranos enconos, pero jamás han logrado aniquilarse unos a otros ni cuentan realmente con que pudieran conseguirlo. Algo que en España no es tan seguro que no esté en los sueños de algunos excluyentes.