¡Pobre Ferrol!

OPINIÓN

11 mar 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

HACE QUINCE años hice una encuesta a mis alumnos universitarios sobre la percepción de las ciudades gallegas. Los estudiantes ferrolanos eran los que tenían menor identificación con su ciudad y menor esperanza en su futuro. Desde entonces, poco cambió. Ferrol, cabeza de la tercera área demográfica de Galicia, sigue siendo una ciudad con limitado futuro, una ciudad sin liderazgo, una ciudad desarticulada. Son muchas las causas, pero sobre todas hay que acudir a su propio origen: Ferrol nació para construir barcos y albergar la Armada española, y cómoda en este papel, la ciudad mitad militar y mitad civil no evolucionó hacia otro futuro, jugando más al aislacionismo que a la cooperación. No faltó tampoco quien propiciara ese ambiente. Con todo se acometieron cosas importantes, como un extenso polígono industrial, una regasificadora de inadecuada ubicación y un puerto exterior que nació mal. Sea como fuere, hoy aportan una base de considerable importancia estratégica. Peor le fue a la construcción naval. Hace unos años publiqué un libro sobre Ferrol, en el que constataba cómo la historia económica de la ciudad se adaptaba en sus altibajos a la política naval de cada momento. En la primera reconversión naval, todos lo recordamos, el Gobierno socialista de entonces miró para el Sur y para Sestao, sacrificando el mejor astillero disponible por razones políticas. El mal nunca se subsanó, porque incluso empujaron hacia allí a empresas multinacionales para su reindustrialización. Algunas reprodujeron la crisis. Tampoco el Gobierno popular dejó mejor parado al que fue gran astillero de Fene, sin que acierte a saber por qué. Ahora, la historia se repite, pero con acento gallego. La oportunidad de ocupar el relleno sobrante por un astillero vigués necesitado de espacio no logra el apoyo del Gobierno socialista. El incauto conselleiro del ramo, con la misma candidez que mostró en el asunto de Unión Fenosa, se fue él solo a la SEPI con un informe en gallego, y se fue él solo a Bruselas sin el apoyo del propio presidente de la Xunta y con la negativa del Gobierno central. La causa de Ferrol se ha quedado como siempre en un pretexto para la pugna política. Y también como siempre, la iniciativa viguesa se pone por delante, no sólo por Barreras, sino también por esa gran plataforma para la reparación naval que un grupo de empresarios está poniendo en marcha con el apoyo entusiasta del presidente de la Xunta, como no podía ser de otra manera. En Vigo falta espacio, pero la ciudad es un brote permanente de iniciativas. Justo lo contrario de Ferrol. Por eso, precisaría más que ninguna otra ciudad el apoyo decidido de los gobiernos para buscar salida a su crisis estructural. Porque ni las cañerías del gas se permiten. Ni siquiera eso ha logrado. ¡Pobre Ferrol, al que todos abandonan! Y pobre Galicia, a la que todos pisan.