EL TITULAR de la sección de Economía de La Voz el 31 de junio de 1999 era de los claros: «La Xunta adjudica a Villar Mir la mejor cantera de cuarzo europea». La cantera era la mina de Serrabal (Boqueixón). Y la Xunta la presidía Manuel Fraga, antiguo compañero de Juan Miguel Villar Mir cuando ambos trabajaban como ministros de Arias Navarro. En las noticias de 1999 se reflejaba que la mina era un chollazo: facturaba unos 3.200 millones de pesetas anuales. En 1992, Villar Mir había comprado el 33% de la cantera por unos 10.000 millones de pesetas, con un crédito de Banesto. Siete años después, una Xunta amiga le otorgó el resto de la mina (amén de varias centrales hidroeléctricas y emplazamientos privilegiados para factorías humeantes en parajes de alto valor ecológico). Pero la mina era todavía más mina de lo que parecía. Se inicia este siglo y los ingenieros comienzan a dibujar el trazado del AVE Santiago-Ourense, tramo obligado para llegar algún día a Madrid. ¡Y vaya!: el tren pasa justo al lado de la mina de Villar Mir. Conflicto a la vista. Con todo, el proyecto se concluye y en marzo del 2004 se adjudican las obras. Pero no se ha movido aún ni una carretilla. Villar Mir argumenta que el tren liquida la mina con la que resultó agraciado y se descuelga pidiendo una indemnización de 892 millones de euros (150.000 millones de pesetas, cifra con la que se podría pagar el puerto exterior de A Coruña y aún sobraría para hacer la autovía Lugo-Ourense). El aguinaldo que demanda el empresario madrileño, de 75 años, supera en 200 millones de euros el gasto de Fomento en Galicia en el 2004. ¿Cómo está la partida hoy? Las obras llevan tres años de retraso. Fomento, que tiene todo de su parte para iniciar ya los trabajos, no arranca y se limita a indicar que su indemnización a Villar Mir no pasará de 300 millones. El presidente de la Xunta se encorajina, con razón, ante el tapón que suponen para Galicia los intereses de un individuo que ha sido beneficiado arbitrariamente con un bien por el que ahora pretende ser astronómicamente indemnizado. ¿Próximo paso? Mientras la Xunta sostiene que tren y mina son compatibles, Villar Mir animará las protestas en Serrabal (sólo mantiene cien empleados fijos con un negocio que haría multimillonario a cualquiera). Toca presionar para lograr una buena recompensa, que pagaremos todos con nuestros impuestos. ¿Repartirá la indemnización a escote con sus excelentes trabajadores? No lo duden.