Chirac y su diluvio

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

27 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

JACQUES CHIRAC podría pasar por la personificación de un cierto Antiguo Régimen si no fuese porque, en realidad, Chirac puede pasar por la personificación de todo y cualquier cosa. Siempre ha sabido ser un hombre sigilosamente versátil y tornadizo de un modo casi clandestino, y lo ha sido con una desenvoltura quizá excesiva para un político decente, pero ajustada, precisa e idónea para un político ingenioso que descubrió la patria republicana al mismo tiempo que el protocolo monárquico, hasta lograr de esas dos emociones el compromiso de acudir en su ayuda ante cualquier atolladero. Quiero decir, entre otras cosas, que se ha dignado señalar a Nicolas Sarkozy como heredero con la misma escasez de ganas que tiene la reina de Inglaterra de verse sucedida por alguien que no es más que Príncipe de Gales. Tampoco sería justo ocultar que la Presidencia de la República Francesa siempre se guarda un as en la manga con el que poder pronunciar aquello de que «Después de mí, el Diluvio». Son palabras que en Francia siempre andan en busca de quien las diga para, a continuación, demostrar que se han oído. Ahí está Ségolène Royal prometiendo la invención de una VI República con la que dejará bien claro, primero, que Francia cuenta con una iniciativa política que consiste en utilizar los números romanos para la secuencia de las repúblicas y no para la de los reyes. Y, segundo, que siempre puede plantearse como una novedad la tendencia a cambiarlo todo para que nada cambie. «Hace cinco años -dijo Chirac al presentar a su candidato- impulsé la creación de la Unión por un Movimiento Popular para permitir a Francia llevar a cabo una política rigurosa de modernización». Si esa política se identifica con los puntos de su programa en 1995, el resultado es casi escandaloso. Prometió saldar la fractura social francesa, pero retiró sus reformas en cuanto levantaron las primeras ampollas. Prometió resolver el desempleo juvenil, que hoy está en el 20 por ciento. Y prometió mejorar las condiciones de las minorías étnicas en cuyas barriadas aún se huele el humo de los incendios. Son las marcas con las que ha conseguido llegar a ser el presidente menos popular de la V República. Puede que, en realidad, el diluvio haya sido él, y que ese sea su legado más duradero.