Saudade do centro

OPINIÓN

14 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LA BIPOLARIDAD política actual y el aniversario -treinta años ya- del reconocimiento oficial del Partido Comunista de España me hacen añorar los años vividos en los comienzos del vigente sistema democrático. Fue un sábado santo, para mayor inri. Me pilló en La Habana. Era la primera vez que pisaba Cuba. Fui desde Jamaica, en donde había participado en un congreso sobre medio ambiente. Resultó un marco inesperado para la impactante, pero esperada, noticia. Quizá ahora parezca natural. Fue una decisión del presidente Suárez no exenta de riesgo. Constituyó un símbolo de la nueva etapa que se abría bajo la idea de la reconciliación, por amargas que fueran las experiencias heredadas. El Rey habría de serlo de todos los españoles. Resultaba necesario que no existiesen vetos irracionales a la participación de cualquier formación política en las primeras elecciones generales. En ese sentido me pronuncié públicamente y di mi opinión a quien pudo pedírmela. En superar la bipolaridad incompatible residió el éxito electoral del centro y su gran aportación a la convivencia que se estrenaba. Además de lúcida y valiente, fue una decisión marcada por la magnanimidad de todos los actores. Entristece que ahora pretenda rebajarse su altura histórica con el pretexto de un revisionismo interesado. El impulso inicial se mantuvo para elaborar una Constitución por consenso. De eso hemos vivido varios lustros. La empresa resultó más hacedera porque existió una formación política de centro, transitoria, pero decisiva. También constituyó un ingrediente clave para el consenso estatutario en Galicia, en circunstancias más difíciles que las presentes. El pacto del Hostal ha quedado como una referencia ejemplar en la historia de nuestra comunidad. Estuvo abierto a todos los que quisieran participar. Allí estuvo el Partido Galeguista, como reanudación de una trayectoria interrumpida abruptamente, y el Partido Comunista, sin representación parlamentaria en Galicia, con Anxo Guerreiro, a quién acaba de rendírsele un homenaje, y Pérez Touriño. Pese a versiones interesadas, hubo grandeza de ánimo o «sentido de país», sobrepasando cálculos partidistas, por quienes en el centro político teníamos una amplia mayoría. Lo decisivo del centro radica más en una actitud que en una concreta estructura. Procurar el entendimiento y evitar radicalismos, sobre todo si son sectarios. Hasta la actual legislatura, con alternancias en el poder, no se había sentido con la especial intensidad que ahora la necesidad de recuperar aquel espíritu. Y no se trata tanto de un ensueño utópico como de la convicción de que en el terreno abonado por el talante de centro es donde va a decidirse la contienda electoral, ya con dos partes muy definidas por cuestiones fundamentales que polarizan a la sociedad. La marcha de la economía puede ser un colchón de centro para un PSOE autoafirmado en la izquierda. El centro es la tierra anunciada para el PP, a la que su dialéctica dificulta la arribada.