Paz y atentados

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

21 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EL CONFLICTO árabe-israelí que se inició con la creación del Estado de Israel ha tenido varias guerras y procesos de paz con países con los cuales Israel hoy mantiene buenas relaciones. La intervención norteamericana en la región y la debacle posterior en Irak han dejado un cuadro de desastre civil en una sociedad ensangrentada, que será muy difícil que vuelva a la normalidad en muchos años. Miles de muertos, miles de heridos y dos millones de refugiados en los países vecinos, la mayoría en Siria, dejan a la sociedad civil iraquí fracturada, inerme y sin esperanza, en las manos de un Gobierno incapaz de protegerla de unas organizaciones terroristas que actúan sobre ella golpeando sin piedad. En el fondo del conflicto árabe-israelí laten las ambiciones de los países que se aprovechan de la situación en Irak, como en Afganistán, en Palestina o en Líbano, para ganar posiciones de influencia, sin tener en cuenta que el desgaste social que sufren los habitantes es tan grande que serán irrecuperables por mucho tiempo. Así, los propios árabes están empezando a tomar medidas para atacar la raíz de los conflictos. A tal fin, a últimos del mes pasado, la Liga Árabe aprobó un plan de paz con Israel que incluiría el establecimiento de relaciones diplomáticas y la solución del conflicto de Palestina, con la creación de un Estado que contaría con el apoyo del «cuarteto»: ONU, UE, EE.?UU. y Rusia. Dentro de este plan, posiblemente lo más difícil sea la apertura de negociaciones entre Siria e Israel sin condiciones previas. Esto ya sería un éxito, como preludio de un acuerdo que podría significar la paz entre los dos países. Israel ofrecería la devolución del Golán a Siria a cambio de que dejase de financiar las actividades de Hamás y Hezbolá. Éste es el nudo gordiano del conflicto y, si la propuesta fuera aceptada por los dos países, las tensiones en Oriente Medio y, por tanto, en una gran parte de la región, servirían para desactivar el conflicto, y por fin en los territorios largo tiempo masacrados podría surgir la flor de la esperanza de la paz. Amén.