Brisas de oro

La Voz

OPINIÓN

LUÍS VENTOSO | O |

26 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EL URBANITA que lleve diez años sin atravesar las sierras de A Faladoira y A Coriscada, entre As Pontes y Ortigueira, o la sierra lucense de O Xistral, se restregará los ojos flipado al surcar esas montañas. Lo que era un paisaje virgen, de hermosura casi escocesa, es hoy una jungla de postes blancos con aspas, bien meneadas por el viento duro de allá arriba. Ante el bosque de aerogeneradores, al viajero le asalta una duda: las energías limpias son el futuro, sí; pero, exactamente, ¿qué ganan las arcas gallegas con el tinglado metálico de nuestras sierras? La Xunta anterior repartió los parques eólicos con subjetividad digital: la mayoría se le otorgaron a particulares, que ni siquiera tenían que acreditar experiencia previa en el sector energético. Los beneficiados en la lotería eólica se los vendieron a las grandes compañías energéticas (cada licencia de molinillo se revendía a 1,5 millones de euros). Los parques suelen asentarse en montes comunales. Tal y como estaba la ley, la aquiescencia de la mínima parte de los propietarios bastaba para dar luz verde a los molinillos. El grueso del viento gallego acabó soplando para firmas con sede social en Madrid y Bilbao. Ahora, empresarios locales tratan de crear la gran empresa eólica gallega, que incluso fabricaría aerogeneradores. Al tiempo, la Xunta pretende que los nuevos parques tengan un 10% de capital público gallego, para que algo rente aquí. Pero las empresas que se benefician de nuestro paisaje y nuestra materia prima anuncian pleitos: para ellos es un dislate jurídico que la Xunta quiera que Galicia gane algo por soportar tanto parque eólico. El próximo pulso será acuático. Se prepara el desembarco de los aerogeneradores en el mar. Y allí Galicia no tendría competencias. ¿Quiénes se llevarían el pastel y qué país no vería un duro? Sí, han acertado.