DESDE mi atalaya marinera doméstica contemplaba la luz que un débil sol de mediodía proyectaba sobre la ría. Reabrí el periódico del día, y me detuve en los resultados de la encuesta sobre los problemas de las ciudades gallegas. Los leí atentamente, así como los comentarios explicativos anexos. Los elocuentes resultados ponían de manifiesto que los tres grandes problemas de nuestras ciudades eran los comunes a la mayoría de las ciudades españolas, y de muchas europeas también; es decir: el tráfico, el urbanismo y el paro. El primero alerta sobre la necesidad de afrontar el transporte público desde una nueva perspectiva, tanto para resolver los problemas de la accesibilidad urbana y metropolitana, como para asumir la incapacidad de nuestros centros urbanos de seguir siendo invadidos por los automóviles. Un problema de difícil resolución, pero con una receta que está resultando bastante válida. De un lado, potenciar un sistema de transporte público intermodal, integrado por el metro ligero, el metro convencional, el ferrocarril de cercanías y el autobús, diseñando un modelo propio para cada ciudad. Por otro lado, se trata de incrementar la semipeatonalización de las áreas centrales para reducir la sobrecarga del coche. El segundo problema, el urbanismo, está muy relacionado con el anterior, pero añade la necesidad de sustituir el modelo de crecimiento actual, excesivamente denso y especulativo, por un urbanismo más ecológico, más humano, más viable. Y el tercero, el paro, nos lleva a pensar en la debilidad de nuestro sistema económico urbano para equilibrar el mercado de trabajo, lo cual demanda una política económica capaz de crear más empleo y atraer más empresas de ciertas dimensiones... Cerré el periódico, pensando que la solución a estos tres importantes problemas, si bien tienen mucho que ver con las políticas locales respectivas, requieren un apoyo eficaz de la Administración regional y del propio Estado, porque se trata de problemas estructurales con soluciones posibles pero costosas que superan la capacidad de actuación de los gobiernos municipales. Pero ellos también tienen que contribuir, principalmente aportando un sistema de planificación urbana que tenga en cuenta tales problemas antes de tomar decisiones sobre el modelo urbano, que no debe limitarse a una mera clasificación del suelo, sin pensar antes en las consecuencias que determinadas decisiones urbanísticas pueden conllevar después sobre los temas apuntados.