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13 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.LO MÁS incómodo de cómo se maneja Zapatero en el fatigoso caso vasco es que no sincera su plan. Juega con doble agenda, porque después de que ETA sepultase a dos personas en la T4, la palabra negociación es un purgante en las urnas. El presidente podría ser franco -a lo Blair-, salir de frente y contar que aún cree en un final negociado para ETA. Podría reconocer que se sigue hablando, y admitir que tolera que Batasuna se cuele porque no quiere cegar los puentes. Sería una vía impopular, que le abriría un boquete electoral, pero sería una opción argumentable, y más con las inauditas fotos del Ulster aún calientes. Zapatero sueña con pasar a la historia como el presidente que firmó la disolución de ETA y trabaja en ello bajo cuerda. Pero de cara a la galería, achuchado por el PP y buena parte de la opinión pública, se aferra a la cantinela de que está cumpliendo estrictamente la Ley de Partidos. Y eso, simplemente no es cierto. El cabrero más aislado de la cordillera Penibética sabía que ANV era la nueva marca del tinglado filoetarra. Porque lo dijo la policía en su último informe; porque ANV estaba en el limbo hasta estos comicios; porque formó parte de HB desde 1978 hasta el 2001 y porque eran cuatro amiguetes, que de repente emergen de las catacumbas con estructura suficiente para presentar candidaturas en todo el País Vasco y Navarra. Ayer un jefe de Batasuna pidió abiertamente el voto para ANV. Pardiez, ¡eran ellos! Con su estriptís electoral, Batasuna deja también en paños menores a Garzón, Pumpido y Zapatero, autores de una empanada judicial de discutible arquitectura, que no tenía más objeto que franquearle la puerta a la órbita etarra para poder seguir charlando tras la cortina. Pero ahora, vuelta a la casilla de salida. Toca ilegalizar ya. O quitarse el corsé de la Ley de Partidos y decir a las claras que de mayor quieres ser Tony Blair.