Delphi:... y Chaves dando facilidades

| JORGE DEL CORRAL |

OPINIÓN

15 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

NO PARECE que la mejor solución para Delphi sea amenazar con querellas a los responsables de la multinacional norteamericana, en suspensión de pagos desde el 2005 y con pérdidas acumuladas de 150 millones de euros en su factoría de Puerto Real, donde el absentismo es de 11 puntos, 7 más que la media. En un sector en donde la pugna es feroz y global, los norteamericanos han hecho lo normal: trasladar las instalaciones a países de mano de obra más barata y de mayor productividad, en los que se está asentando la industria automovilística europea para competir mejor contra chinos, coreanos e indios. Y a esta medida típica de la economía de mercado, que se destruye para transformarse, los responsables del Gobierno andaluz y algún sindicalista exaltado han respondido con la medicina equivocada: asustando a los inversores con medidas que dificultan la salida de una empresa y marcan el camino para que otras no lleguen. En un sistema industrial eficiente, tan fácil debe ser venir como irse con orden, pero esto no parecen entenderlo quienes son más amigos del subsidio y la subvención que de la competencia, y del griterío que de la creación silenciosa de condiciones objetivas que hagan atractiva la llegada de empresas, tales como un buen sistema educativo y de formación profesional, una alta productividad, flexibilidad laboral, infraestructuras, tejido industrial, lucha contra la inflación que acorte el diferencial de España con la UE, medido en términos medios, o inversión en I+D+i que dé alto valor añadido a nuestros productos de exportación. Santana Motor, la única empresa pública de automoción de España, propiedad de la Junta de Andalucía, perdió 25,7 millones de euros en el año 2005. Por lo visto, algunos consejeros son más partidarios de hacer de Delphi otra Santana que de «potenciar la natalidad de empresas», como ha dicho Jaime Montalvo, ex presidente del Consejo Económico y Social, para el que «la clave es conseguir un sistema de equilibrio entre la mortalidad y la natalidad de compañías y no tanto ir sólo a las políticas de subvenciones». El presidente de Andalucía, Manuel Chaves, no ha hecho caso al lobo y el lobo ha llegado mientras festejaba con fino su nuevo Estatuto, refrendado por una minoría de ciudadanos. ¡Ea!, pues eso, jarana y palmas. Y los gringos, que, como ha dicho el lúcido y comedido presidente del comité de empresa, Antonio Pina, «esquilman, roban, saquean y se quitan de en medio», a la cárcel.