A VER SI puede hacerme un favor, amigo lector. Cuando tenga la oportunidad de viajar a La Alcoraya o a El Rebollado, que son dos pedanías de Alicante, no se olvide de pedirle al recepcionista del hotel que le dé un par de nombres de escritores gallegos. A ver si atino. Ramón María del Valle-Inclán y Emilia Pardo Bazán, le dirá. O quizás Camilo José Cela, Gonzalo Torrente Ballester, Julio Camba, Fernández Flórez y Madariaga. Y si es un poco más ilustrado, Nicomedes Pastor Díaz, Valentín Paz Andrade y Ramón Piñeiro. Pues a continuación infórmele usted de que cada año en este país noso celebramos el Día das Letras Galegas, que es la fiesta de nuestras letras. Y dígale que a día de hoy ninguno de los escritores gallegos que él conoce, y probablemente haya leído y admirado como millones de españoles, ha tenido el honor de que se le dedicara uno de estos días. Y dígale también que se debe a que últimamente están reservados a quienes han escrito un par de poesías para desahogar sus frustraciones personales o a quienes fueron capaces de hilar cien gramos de poemas tabernarios. Va a ser difícil que lo crea. Pero usted insista, aunque para convencerlo va a tener que explicarle concienzudamente que aquí lo del Día das Letras lo llevamos un poco como quien no quiere la cosa. Sin gran interés. Hacemos día festivo para facilitar la salida en estampida de gran parte de la gente del país. Y centramos la celebración en figuras más que discutibles, de escaso relieve, porque, según parece, los autores que cualquier paisano de más allá de Becerreá le cita de carrerilla no tienen grandes méritos para hacerse merecedores del homenaje. Aunque hayan escrito en gallego, sus libros respiren Galicia, sus personajes sean gallegos y siempre ejercieran como tales. En castellano también escribió, por poner un ejemplo, Josep Pla. Y ni se le ocurra ir a Gerona y decirles que no se trata de un escritor catalán. Tampoco vaya a Valencia e insinúe que Vicentte Blasco Ibáñez no era valenciano. Y, por supuesto, ni se le ocurra ir a la localidad guipuzcoana de Oiartzun a poner en duda la patria de don Pío Baroja. Porque puede ganarse usted un par de buenos sopapos.