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21 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.HAN coincidido en las últimas semanas algunas estrellas de la música con actuaciones por Galicia. Y me llamaron la atención sus peticiones para trabajar cómodos. Resulta que Van Morrison no soporta el tabaco y necesita litros de té inglés recién hecho, pero en tetera metálica, nada de porcelana. Lo de Luis Miguel es portentoso. Tienen que estar cegadas con cartulina negra las ventanas de las habitaciones del hotel en el que se aloje, de las que no sale mientras está en la ciudad. Tampoco se pueden dirigir directamente a él los empleados y su nombre no debe figurar en ningún lado. Como mucho, sus iniciales, como las de una marca de tabaco. Ya sé qué significa ser un snob. Estoy seguro que Van Morrison y Luis Miguel o L.M., no vaya a ser que se moleste, no pedían absolutamente nada cuando empezaron en el mundo de la canción y lo único que querían era demostrar que se les daba bien. Seguro que más de una vez los callaron por pesados y hasta tuvieron que insistir para que les dejasen actuar. Es el éxito, el dinero, el vértigo, el show business , lo que hace que muchos años después olviden sus orígenes para pedir todo tipo de tonterías y caprichos. De lo contrario, ¿no serían capaces de actuar? Madonna tampoco permite que le hable la gente en los aviones. En fin. Todos tenemos nuestras manías. Cuando leía que un artista pedía toallas usadas hasta lo comprendía. No sé si coinciden conmigo en que no hay quién se seque bien con una toalla nueva. Pero de ahí a las cartulinas negras, sólo negras, en las ventanas o al té que no puede servirse en porcelana hay un trecho diabólico que recorrer. Un trecho que se les permite por los miles de discos que han vendido. Son como niños consentidos, malcriados, maleducados. Por muy bien que se les dé la música. Son unos auténticos cantantes. cesar.casal@lavoz.es