PARA qué negarlo. Estas elecciones se han planteado como una antesala y preparación de las próximas de carácter general. No caben reproches mutuos. El presidente del Gobierno y el líder del PP mitinearon a diario. Las referencias directas cruzadas y el calado de los temas, que corresponderían -o correspondieron-- al ámbito de lo estatal, lo confirman. Quizá ese terreno de juego sería explicable en Navarra, porque la disposición transitoria cuarta de la Constitución deja abierta la posibilidad de incorporar esa comunidad foral al régimen autonómico vasco, con alteración en el marco general de las autonomías. En todo caso, asistimos a una indisimulada lucha por las plataformas de poder autonómico, fundamentales para la siguiente contienda. En Galicia, un tinte análogo colorea las elecciones municipales. También aquí se percibe una toma de posiciones para el futuro. El Gobierno bipartito constituye una sólida pareja política de hecho. Se necesitan mutuamente y se vigilan. La solidez proviene de que no existe a la vista ninguna otra fórmula para mantenerse en el poder. Ello no obsta a que peleen por tener los mejores resultados correlativos en la liga que están jugando. El PSdeG-PSOE intenta aumentar la distancia respecto del BNG. Este, acortarla. Un avance en su estrategia de ser fuerza gobernante será entrar en el mayor número de gobiernos locales, aunque sea por la vía de la coalición. Habrá que analizar la tendencia de sus votos para evaluar los beneficios que aportará a medio plazo el condicionamiento de la coalición. El poder, que ejerce una cierta atracción, tiende a polarizarse en quién más visiblemente lo representa. Para el PP el escenario es muy diferente al de las anteriores elecciones. Se encuentra en una etapa nueva e inédita desde muchos años. No cuenta con la Xunta como contrapeso a la no consecución de alcaldías en la mayoría de las ciudades. En conjunto, resistir sería un éxito. Aunque tenga mayoría, si no es absoluta no podrá por lo general acceder a la alcaldía o a la presidencia de la diputación provincial. El nuevo líder del PPdeG defiende que gobierne la lista más votada. Es una tesis razonable desde la teoría. En esa dirección iba el proyecto de ley presentado en su día por UCD. Ironías de la historia, fue rechazada por Alianza Popular. El veterano Santiago Carrillo, del PC, aprovechó la oportunidad y propuso la solución que está vigente. Hizo posible que en las primeras elecciones municipales pudieran formarse gobiernos de coalición, como ocurrió en Galicia. A pesar de ser UCD mayoritaria en A Coruña y Vigo, hubo un acuerdo por el cual ésta tuvo alcalde socialista y aquella nacionalista. La ley no impide que sea alcalde quien teniendo mayoría no la tenga absoluta. No obliga a un gobierno de coalición, aunque lo permite. La disposición al pacto que han manifestado los dirigentes del PSdeG-PSOE y del BNG revela también que estas elecciones son supramunicipales. Apoyo en A Coruña por apoyo en Vigo.