Lenguaje políticamente correcto y Vigo

OPINIÓN

26 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

POR DECIR la verdad y alejarse del lenguaje políticamente correcto que impera también en el conflicto de Delphi, el presidente de la Asociación de la Prensa de Cádiz, Fernando Santiago, ha sido objeto de insultos y amenazas proferidas por un grupo de personas congregado ante la sede de la Asociación, y simultáneamente con pegada de carteles y reparto de pasquines en las instalaciones de la factoría. El delito del periodista ha sido decir que parte del problema que ha llevado a la quiebra y cierre de la fábrica de Puerto Real está en unos sueldos elevados y un absentismo incontrolado (11 puntos, 7 más que la media). Los manifestantes son parte de ese colectivo que ante su problema, el que ha creado con su comportamiento reiterado, sólo quiere apoyo incondicional y enganche a la manguera pública de la subvención, algo que está a punto de conseguir del Gobierno andaluz, después de apretarle las clavijas en estas semanas de campaña electoral, con acciones demagógicas, mediáticas y efectistas, como marchas de solidaridad, acampadas, cortes de carreteras, concentraciones de hijos y esposas, y mucha labia. Labia a raudales. Las consecuencias de tanta política de corto plazo, bajo vuelo y voto subsidiado son las distintas Delphi que pueblan la geografía española, en donde el comportamiento de su comité de empresa y algunos políticos no es único ni distinto. Un sistema industrial eficiente debe fomentar la competencia, tener un buen sistema educativo y de formación profesional, alta productividad, flexibilidad laboral, infraestructuras, tejido industrial, baja inflación e inversión en I+D+i que dé alto valor añadido a nuestros productos de exportación. No parece que sea esta política la que se aplica en varias comunidades autónomas, más atentas a subsidiar y aumentar impuestos que a la creación de condiciones objetivas que hagan atractiva la llegada de empresas. En este sentido, la llamada «batalla por Vigo» ha sido todo un síntoma: ningún candidato ha hablado de mejorar infraestructuras, tejido industrial y formación para que la ciudad siga siendo atractiva para Citroën y las empresas que le fabrican componentes y pueblan la treintena de municipios que la rodean. Por el contrario, sí hemos sabido que Vigo ha perdido desde 2003 nueve de las once multinacionales comerciales que han intentado instalarse. Un síntoma.