El año de la Bestia

| PEDRO GONZÁLEZ-TREVIJANO |

OPINIÓN

07 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

EN 1995, el corrosivo director de cine Álex de la Iglesia rodaba una película que obtuvo un destacado éxito. Me estoy refiriendo a El día de la Bestia. Se narraba, en tono de delirante comedia satánica, la llegada del Anticristo. Pues bien, tales planteamientos, que no despertaron más que las comprensibles risotadas del espectador, llevan levantando en el caso de nuestra Bestia, es decir, ETA, las más graves preocupaciones. Y ello, a mi juicio, por tres razones. En primer lugar, porque la Bestia lleva demasiado tiempo habitando entre nosotros. Ésta iniciaba en los años sesenta, ¡ya del pasado siglo!, su indiscriminada cadena de asesinatos y chantajes. A todos ha alcanzado la mano de los asesinos. Como decía Halifax, «La maldad es de poca estatura, pero tiene brazos muy largos». En segundo término, por la desafortunada quiebra del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo suscrito en su momento por el Partido Popular, entonces al frente del Gobierno, y el partido socialista, en la oposición. Un pacto que permitió arrinconar las acciones de la Bestia de manera indiscutiblemente eficaz. Un pacto al que se unía la aprobación de la Ley de Partidos y la declaración de Herri Batasuna como parte del entramado de ETA por sentencia del Tribunal Supremo, cuya constitucionalidad sería avalada por decisión del Tribunal Constitucional. Pero, desgraciadamente, la política en materia de terrorismo, que debería escapar a la refriega partidista -dada su condición de política de Estado- se encuentra desde el inicio de la legislatura presidida por una enconada y agria discusión. Y, por fin, como consecuencia de los últimos acontecimientos vividos, que han despertado el desasosiego entre amplios sectores de la población. Basta con constatar como, de nuevo, el terrorismo se ha erigido en el asunto que más preocupa a los españoles. Nadie discute la legítima aspiración de todo Gobierno de tratar de poner fin a tantos años de angustia y crímenes. Pero dicho esto, habría que hacer también algunas matizaciones sobre el modo de abordar dicha política y sus concretos contenidos. De entrada, porque es un asunto que requiere por su esencial relevancia del acuerdo, que no se da, entre los dos partidos nacionales. Y, después, porque hay conductas difíciles de explicar: la no ruptura del mal llamado proceso de paz tras el atentado en el aeropuerto de Barajas, la pervivencia del terrorismo callejero y la continuidad del impuesto revolucionario; la ausencia de respaldo de las víctimas; su inadecuada internacionalización ante el Parlamento Europeo; la excarcelación -con o sin pulsera telemática- de De Juana Chaos; el tibio y contradictorio hacer por la Fiscalía General del Estado; la presentación de ANV/Batasuna a los recientes comicios, y la interrogante sobre el estatus constitucional diferenciado de Navarra. Y, ahora, por si fuera poco, la Bestia decide salir sin tapujos de la cueva para continuar extendiendo su hálito de muerte.