Zapatero y las lógicas

| EDUARDO CHAMORRO |

OPINIÓN

08 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LO LÓGICO -y más pulcro- sería convocar elecciones. Aunque no sería tan lógico si esa convocatoria se viera en la condición de una alta probabilidad de perderlas. Y esta condición es la que ha llevado a Zapatero a la decisión de mantener, por ahora, la secuencia de una legislatura cuyo argumento fundamental, la pacificación de ETA, ha naufragado con todo el dramatismo que cabía suponer. Es justamente el naufragio de ese propósito el que proporciona una perversa elocuencia al fracaso de la nunca disimulada intención de aislar, laminar y rodear de un cordón sanitario al Partido Popular bajo el hechizo de aquel propósito. Si se admite que los resultados de las elecciones municipales y autónomas y la beligerante ruptura anunciada por ETA constituyen el dibujo del peor escenario posible para el presidente Zapatero, por un lado, y para el PSOE, por otro, entonces quizá pueda comenzar a entenderse que una cosa es la merma de credibilidad del presidente acarreada por todo el curso de sus aun oscuros movimientos alrededor de ETA, y otra, el deterioro del prestigio secular de un partido como el PSOE, señalado en la prensa europea y percibido por algunos de sus líderes, que no se han cuidado de ocultar su preferencia por adelantar unas elecciones cuyos resultados, en el supuesto más adverso para el presidente Zapatero, evitarían al PSOE una ardua marcha hacia marzo del 2008 con todos los flancos al descubierto. Es una cuestión que tiene mucho que ver con el sarcasmo desplegado por Alfonso Guerra cuando le preguntaron qué opinaba de la dimisión de Miguel Sebastián: «¿Quién era? ¿Qué era? ¿De qué ha dimitido?». Desde el punto de vista del presidente Zapatero, su explicación es que «actué con honestidad». Es un modo muy afín con su carácter de no enterarse de que nadie le acusa de deshonesto ni pretende empapelarlo por delito alguno. Es su manera de ignorar que se puede actuar con la mayor honestidad y la mejor intención e incurrir en el error. Un error del que el presidente Zapatero no tiene la mínima intención, por ahora, de rendir cuentas, quizá por no considerarlo oportuno. «Tomamos las decisiones más oportunas en cada momento». También ahí se le olvida que no es bueno que la oportunidad prevalezca sobre los principios ni ponga en hipoteca las convicciones.