Grave error médico

La Voz

OPINIÓN

ESTREMECE la noticia del grave error médico cometido en el Hospital Doce de Octubre de Madrid el 14 de abril del 2004. A los once días de dar a luz, Gloria Bonilla, de 34 años, acudió al hospital por un dolor en un pecho. Según su propio relato, cuando entró en el hospital sentía como si se le desgajaran trozos del cuerpo en carne viva. El personal de guardia de Urgencias, tan habituado a presenciar dramas, la oyó como quien oye llover en los Alpes. Una enfermera especialmente silvestre incluso llamó al orden a Bonilla y le pidió literalmente que no le echara tanto cuento. Esta escena me resulta familiar: en una ocasión, hace ya unos años, yo también vi a una enfermera que le echaba una bronca a una mujer que acababa de abortar y tuve que decirle unas palabritas mágicas pero, claro, casi con lenguaje florido, porque aquella bestia conducía la camilla y, si le entraba un rapto de inspiración, podía despeñarla por las escaleras. Tras su viaje, en Urgencias, al río Aqueronte, que separa el mundo de los vivos y el reino de los muertos, los médicos sabiamente le prescribieron a la paciente unos antibióticos. Por desgracia, quizá esperaron a que el hada buena que a todos nos protege viniera a administrárselos y esa gravísima negligencia le causó a la paciente un choque séptico y un coma. El retraso en suministrarle los antibióticos fue de diez horas. Tras la negligencia, los médicos actuaron esta vez con rapidez. Operaron a Gloria Bonilla y tuvieron que extirparle los ovarios, el útero y las trompas de Falopio. La paciente quedó en coma mes y medio. Ahora sufre menopausia adelantada y su imagen física ha sufrido un grave deterioro. El hospital la indemniza con 210.000 euros. A simple vista, y ateniéndonos a que, en no pocas ocasiones los errores médicos graves no son indemnizados, la indemnización puede parecer importante. Cuando se piensa en el perjuicio causado y en la incalculable pérdida de calidad de vida para el resto de la vida de Gloria Bonilla, esa indemnización es calderilla. La paciente da las gracias a los doctores Urbina, Grande, De la Calle y Aguirre que, con su intervención, le salvaron la vida.