El triunfo del centro

| JOSÉ LUIS MEILÁN GIL |

OPINIÓN

14 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS ELECCIONES generales de hace treinta años reunían las características de un estreno. Eran las primeras de la etapa histórica en que vivimos. Se estrenaba democracia sin adjetivos con la ilusión de lo primerizo y de lo recuperado. Para unos significaba el abandono de la clandestinidad. Para todos, la voluntad de construir una convivencia en libertad. Aquel 15-J fue un día festivo, sin que emergiese la faz hosca de la disputa agria por el poder. En aquella primavera florecieron muchas siglas, como una explosión propiciada por el nuevo sol de la democracia. Entre ellas Unión de Centro Democrático (UCD), una coalición liderada por el presidente Suárez. Fue el triunfo del centro. Más allá del magnetismo cierto de Suárez y por encima de una organización manifiestamente mejorable, el pueblo ratificó que no resucitase de un modo incruento la confrontación bélica que había divido a España. No sólo la idea, el estilo y el lenguaje de los protagonistas y la propia composición de UCD dieron crédito a la propuesta. En Galicia el éxito de UCD fue espectacular. Por concretarme a la candidatura coruñesa que lideré, obtuvimos seis de los nueve diputados -quedó muy cercano el séptimo- frente a dos del PSOE y uno de Alianza Popular. Quedaron fuera las demás opciones y personas tan brillantes como Beiras, una esperanza frustrada. La revista Teima, de ilustres colaboradores, ilustró el resultado reproduciendo en su portada la velazqueña rendición de Breda en que me representaba entregando a Suárez la llave supuestamente del Reino de Galicia. A una parte de ese triunfo contribuyó el Partido Galego Independente (PGI): cinco diputados y dos senadores en A Coruña y otros dos en Pontevedra, suficientes para constituir en grupo parlamentario, que fue impedido por una intencionada innovación legal. Era un partido de centro gallego interclasista, plural e integrador. Habíamos invitado a Gómez Franqueira, triunfador en Ourense, que prefirió utilizar el incipiente Partido Popular con Pío Cabanillas. A Rosón, triunfador en Lugo, estuvimos esperándole en Santiago y optó por una lista independiente. Aquel era un prometedor comienzo que no se consolidó. Unos años después conduje los restos del PGI, desvinculado ya de UCD, a la Coalición Galega que impulsó Franqueira en la misma dirección, en la que González Mariñas quedó con el testigo. No es cuestión de reescribir la historia, pero si de recordarla especialmente para las nuevas generaciones. Las diferencias políticas no enturbiaron las relaciones personales y, en casos, propiciaron la amistad. La perspectiva que proporciona la distancia permite ponderar lo que hace treinta años se inició y que hoy, por una dramática pirueta de la vida, Adolfo Suárez no puede certificar. Existía la convicción de querer estar a la altura para responder a lo que pedían los ciudadanos en un momento crucial. Para quienes participamos en aquella patriótica aventura, queda la impresión imborrable de que valió la pena.