LAS VÍCTIMAS de Darfur, ya 250.000 según Le Monde , no tienen suerte: Irak les viene robando protagonismo y en la cumbre del G-8 no existieron. La reciente europea era existencial, se reformaban o camuflaban temas constitucionales. En EE.?UU., sin embargo, el genocidio turba a varios sectores. Se argumenta que ya se fue paciente con Sudán, y se busca quién debería doblegarlo. La respuesta, según las ONG, políticos y artistas de cine, es China. Compra el 60% del petróleo sudanés y -dice Amnistía- le proporciona armas utilizadas en Darfur, amén de ralentizar el tema en la ONU. Hollywood es activista. En Darfur arrancó George Clooney, que dijo en la ONU que cuando ese organismo despierte, allí sólo habrá cadáveres. Le siguió Don Cheadle y Mia Farrow. Ésta ha unido China a Darfur y golpeado a Pekín donde duele, en la Olimpiada: China está «financiando el primer genocidio del siglo XXI». Conocido que Spielberg es consejero artístico de la Olimpiada, la Farrow pregunta cómo una persona denunciante del Holocausto puede ahora «meterse en la cama con un país que está ayudando a destrozar a otro». Spielberg escribió al presidente chino, que acabó pidiendo a Sudán que admitiese a los cascos azules, lo que éste ha aceptado no sabemos si de boquilla. La zozobra pasa a la prensa. El Washington Post editorializa: «China no debería poder continuar con ejecuciones rampantes, opresión política y abortos forzados». No menos duro es Los Angeles Times : «China hoy ansía no vivir algo tan embarazoso como el boicot que sufrió Moscú, pero financia un genocidio». La palabra boicot sólo surge esporádicamente, Washington no lo alienta: Pekín juega un papel sustancial en el desarme de Corea. Pekín 2008 será una ocasión única para mostrar al mundo una nación moderna y eficaz, pero conocen que la política se ha colado a menudo en la Olimpiada. Sabida es la utilización propagandística de los nazis en el 36, el atentado de Múnich en el 72, etcétera. Moscú es el caso más llamativo, y su repetición, lo más temido por cualquier organizador. Poca gente quiere hoy el de Pekín, y sus dirigentes extreman las prudencia. Según Time, «ya politizaron el recorrido de la antorcha, premiando a países clientes, dejando fuera a otros». En Francia, una reunión, con asistencia del secretario de la ONU, abordó el tema. Se dice que la multiplicación de iniciativas es una cacofonía que favorece el Gobierno sudanés, que la ONU ha de actuar ya. Amnistía califica el drama de aberrante; Bernard-Henry Levi es lapidario: «Mujeres, ancianos, niños sacados de sus casas, quemados vivos por escuadrones de la muerte. Todo, con la iniciativa del Gobierno sudanés y con la bendición, por el momento, de la comunidad internacional». Y, desde luego, con la indiferencia de nuestra opinión.