La supresión de las clases

Celso Currás
Celso Currás NUESTRA ESCUELA

OPINIÓN

17 oct 2018 . Actualizado a las 12:06 h.

Siempre fue muy polémica la decisión de suprimir las clases ante las previsiones de climatología adversa. Para los responsables del Gobierno es una gran tranquilidad, sobre todo cuando hay especial sensibilidad, por haber ocurrido algún accidente. El mayor problema es para muchos padres que tienen la vida organizada con la previsión de que sus hijos no se queden en casa y, sobre todo, porque piensan que, en una parte importante de la geografía gallega, es casi imposible que el mal tiempo impida la normal asistencia a clase. No es lo mismo el caso de una ciudad de la costa que el de una zona rural del interior. Hay que reconocer que es difícil llevar a cabo una planificación de este tipo. Hace ahora poco menos de siete años, con ocasión de un importante temporal de nieve, solamente se suspendió el transporte en las zonas del interior de Galicia, quedando sin asistir a clase un 10% del alumnado. La experiencia no fue negativa aunque tiene sus inconvenientes y, por supuesto, sus riesgos. En este asunto, como en tantos otros del complejo mundo educativo, no llueve a gusto de todos. Pensemos que lo más importante es la seguridad de los hijos, de los alumnos. Si ocurriese un accidente en el transporte público, los planteamientos de muchos padres serían radicalmente distintos. Hace más años de los que algunos quisiéramos, cuando aún no funcionaba el transporte escolar, si caía una nevada se aprovechaba para impartir en las escuelas una «lección ocasional», propia de acontecimientos especiales e imprevistos. Se analizaban los distintos estados del agua, se tocaba y jugaba con el hielo? Si, como está previsto, tenemos nieve, los niños dispondrán de una buena oportunidad para disfrutarla y los maestros, al día siguiente, para llevarla al aula. Es necesario recuperar el acercamiento a la naturaleza.