P arece que el origen de las doce uvas de la suerte viene de un año con una vendimia excesiva, en que había que dar salida al género. Menos mal que no fueron naranjas. En Italia el 31 de diciembre se cenan lentejas, que traerán dinero, y tras las campanadas se tiran los muebles viejos por la ventana. Por eso es aconsejable dejar pasar un buen rato antes de salir al cotillón, no vaya a ser que te caiga encima una nevera. Yo pasé un fin de año en Roma, en casa de la periodista Paloma Gómez Borrero, hace ya tiempo, y puedo asegurar que las lentejas no me trajeron la riqueza pretendida, pero disfruté muchísimo. Y más todavía cuando, dos días más tarde, nuestra anfitriona organizó una visita guiada al Vaticano en su Fiat Cinquecento abarrotado, del que la guardia suiza se reía perdiendo la compostura militar. Aquí ahora la juventud ha adquirido la costumbre de emborracharse. Vamos, como el resto del año, pero esta noche de corbata. Como antes hicieron sus padres, que en eso los jóvenes son muy tradicionales. 2012 más que un año parece un teléfono de atención al cliente. Mucho más bonito llamarle un nombre, como los chinos. Para ellos el 23 de enero comienza el año del dragón. Tal vez al nuestro podríamos llamarle el año del gusano. Y para que nadie me considere pesimista o aguafiestas les recuerdo que el gusano se acaba convirtiendo en mariposa. O sea que ánimo y feliz año nuevo.