El primer aviso llega demasiado pronto

OPINIÓN

09 ene 2012 . Actualizado a las 11:14 h.

Hace tres meses empezó a bajar la prima de riesgo, y el locuaz González Pons lo explicó diciendo que los mercados ya olían la llegada del PP y le daban un apoyo sin fisuras. Y ahora, recordando aquellas palabras, empiezo a creer que en el PP se habían creído, de verdad, que la culpa de todo la tenía Zapatero, y que bastaría con renovar el Consejo de Ministros para que la ilusión empezase a subir, el pesimismo empezase a bajar, y una ola de simpatía entre Rajoy y los mercados empezase a hacer cuadrar las cuentas: ¡abajo el paro y la prima de riesgo!; ¡arriba la bolsa, los créditos, las pensiones y los sueldos!; ¡en prevengan los pactos laborales y los consensos sobre los grandes servicios sociales!; y ¡quietos-parados los impuestos, esperando el feliz momento de bajarlos!

La señora Sáenz de Santamaría aún sigue creyendo que la lógica de los hechos debería reflejar aquel optimismo alternativo que estaba cimentado en los análisis tremendistas del zapaterismo, y por eso nos pide paciencia y buena disposición sobre un único y ya gastado argumento: «la gravedad extraordinaria de la situación exige medidas extraordinarias». Mientras tanto, Mariano Rajoy permanece en silencio, acumulando enormes expectativas sobre una futura alocución que, cuando llegue, estará condenada a defraudar.

Que el PP haya sido engañado durante los traspasos «ejemplares», y descubra el gazapo en solo tres días, no es creíble. Tampoco tiene sentido que un déficit del 0,06 % en la Seguridad Social nos ponga contra las cuerdas, ya que ni están en riesgo las reservas, ni resulta extraño que una crisis de cuatro años, con cifras de paro superiores al 20 %, constituya esa circunstancia excepcional para la que se habían establecido las reservas del Pacto de Toledo.

Que las comunidades autónomas no acepten ser tuteladas por De Guindos y se enroquen en la Constitución y en los Estatutos, también tiene sentido. Que nadie entienda que, si el déficit viene de las comunidades autónomas, se pueda resolver el problema operando sobre la Hacienda central y sus recursos, mientras se mantiene la deriva de las autonomías que no cumplieron los acuerdos de déficit, también parece muy lógico. Y que todo el mundo se quede mosca cuando le anuncian grandes sacrificios para el Consejo del día 29, y cuando todas las previsiones se quedan después en agua de borrajas, también se veía venir.

Por eso quiero recordarle a Sáenz de Santamaría que las contradicciones y las dispersiones de Zapatero empezaron en su quinto año de mandato, y que no es bueno desconcertar a la parroquia ciudadana, que aún está resignada ante los recortes, a base de marear los diagnósticos y de dar sensación de desconcierto. Claro que aún estamos saliendo de la Navidad, y nada de lo ocurrido puede reputarse como grave. Pero este es ya el primer aviso.