T ?an atentos estamos al problema de la eurozona y a las consecuencias que la crisis nos depara a todos, aunque a algunos más que otros, que a veces llegamos a pensar que es el mundo el que está en crisis. Y no es así. Mientras la Unión Europea muestra su ineficiencia y los líderes del núcleo duro político y económico intentan hacer frente a los problemas de la resucitada periferia pobre, el resto del mundo crece.
Y no solo crece, sino que algunos países tienen tasas de crecimiento económico superiores al 9 % anual. En ellos todo es expansivo: la riqueza, el empleo, la población, las ciudades, y ahora también la investigación, la tecnología y el desarrollo. Basta con mirar para los grandes proyectos de ciudades sostenibles de China, la India, Japón o los Emiratos Árabes, donde grandes multinacionales financian espectaculares proyectos tecnológicos, donde se ensayan las posibles soluciones para las grandes ciudades del futuro.
Grandes centros de investigación internacional se están poniendo en marcha en los dos colosos asiáticos, una isla de la investigación en China con la participación de medio centenar de universidades y centros de investigación de prestigio mundial con aportación de las grandes multinacionales. Y un gran corredor metropolitano en la India para hacer frente al espectacular crecimiento esperado. También Rusia y Brasil dibujan nuevos escenarios de desarrollo. Estados Unidos se va ajustando como puede. Es Europa la que está perdiendo fuelle, y previsiblemente ya no lo recupere. Piénsese que, según las últimas estimaciones de las Naciones Unidas, su peso en la población urbana mundial no superará en la mitad del siglo XXI el 6 % mundial.
En una palabra: Europa, envejecida y sin tamaño, está en retroceso. Por eso las empresas y los profesionales tienen que buscar el negocio donde lo hay. Todo parece indicar que iniciamos un nuevo ciclo de civilización. Y Europa sin población, sin valores, sin crecimiento, es solo un futuro incierto.