¿Un clásico al revés?

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

27 ene 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

No funcionó la calculadora de pases del Barça. No hubo billar maravilloso sobre el tapete del Camp Nou. El viento de cara del partido de ida estragó la electricidad dinámica que exhiben Xavi y compañía en la representación de su rondo infinito. El ganchillo y la filigrana sufrieron la lesión de Iniesta. A veces saberse ganador es empezar a perder, en el fútbol y en la vida. El Madrid volvió a ser el del primer tiempo de la final de la Copa. O incluso fue más lejos. Hizo un fútbol muy distinto del que suele proponer su técnico, acostumbrado a embridar a sus mejores caballos. El toque exquisito lo puso Ozil, bien acompañado por Kaká. El Barça siguió vivo porque hasta sin oxígeno es un pedazo de equipo y por el porcentaje de lotería que tiene el fútbol y que hace que en Miranda de Ebro sueñen todavía con jugar una final. Así los niños de Miranda cantan en las aulas: «Soy mirandés, mirandés, mirandés». Esa misma lotería fue la que hizo que el disparo de Ozil tocase madera y el de Alves, la red. El árbitro, horroroso. El Madrid, tras nueve clásicos, decidió que a la décima (no hablamos de Copas de Europa) era hora de salir a jugar al fútbol. No solo a perseguir sombras y correr detrás de la pelota. Siempre es mejor elegir soñar que revivir pesadillas.