07 feb 2012 . Actualizado a las 10:40 h.

Ourense es conocida como la Atenas de Galicia. Bien es verdad que el nombre se debe a los intelectuales coetáneos de Otero Pedrayo, pero no es menos cierto que, en el terreno de la política, la denominación sigue vigente. Tan solo en As Burgas puede hacerse realidad esa ley de que «la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma». Aplicada a la política significa que el baltarismo ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Baltar padre perfeccionó un método político del XIX (el caciquismo bueno que él siempre admitió), le sacó rendimientos electorales y ahora lo transformó merced a una ingeniosa ingeniería política (el suplente del suplente se convierte en titular y en capitán) ética y estéticamente censurable. Queda por saber si el siglo XXI, con sus adelantos, posibilita una ley que diga que «el baltarismo ni se crea ni se destruye, simplemente desaparece». La democracia lo agradecería.