A legraos, incrédulos ciudadanos: hay dinero. No sabemos dónde se esconde, pero haylo. Cuando se le llama, viene. Por ejemplo, el Estado español, empeñado hasta las cejas como un hipotecado, se dispone a aportar unos 15.000 millones de euros, que es la cantidad que nos corresponde del rescate griego. Anda el señor Montoro mirando de dónde saca una moneda para que no falte calefacción a los niños en el colegio, y tiene que apoquinar esa jugosa cantidad. Supongo que, por las artes malabares de la contabilidad, ese dinero no figurará en la cuenta final del déficit público, como tampoco figura la prestada a la banca. Pero sepamos todos que salimos a 300 euros por barba.
Después tenemos el pago a los proveedores de las Administraciones públicas, esa incomprensible deuda que roza el delito del Código Penal y el delito ético de hundir a tantas empresas. Resulta que los bancos no tienen un euro para dar créditos a nadie, ni particulares ni sociedades. No dan crédito ni a quien lo puede devolver. Sin embargo, ahora sí dispondrán de liquidez para esas deudas. Bastó una reunión del ministro de Hacienda, y milagro: «En días o semanas, dijo el señor Montoro ayer en el Congreso, podrán cobrar». Me temo que, si se hizo una reforma financiera para facilitar el crédito privado, con los 40.000 o 50.000 millones que deben habilitar para deudas oficiales, tendremos que seguir esperando. Y añado: ¿se han fijado con qué facilidad se habla de 40.000 o 50.000 millones, como si los diez mil millones que quedan por medio fueran peccata minuta?
Quiero decir dos cosas con estas anotaciones. La primera, que, cuando hay voluntad política, aparecen los medios. Por mal que esté la situación, se perfilan soluciones cuando se ejerce la autoridad, y a los gobernantes les pagamos para que la ejerzan. La segunda, que aquí sí se debe hacer una crítica al Gobierno anterior: que sepamos, no hizo nada para resolver esas deudas más que abrir una línea ICO, tan mal vendida o explicada que al parecer nadie la quiso utilizar. Ahora es cuando tienen razón los críticos del Plan E: si aquel dinero se hubiera destinado a que ayuntamientos y autonomías pudiesen pagar las deudas, hoy la situación no sería tan dramática.
Y hecha esa crítica, el elogio a Montoro, De Guindos y compañía. Si funciona el mecanismo y los autónomos y empresarios cobran lo que les deben, se habrá dado un estímulo a la economía real, sin necesidad de juntar jefes de Gobierno que firmen una carta de petición a la Unión Europea. Si, además, el señor De Guindos logra aliviar el drama de quien no puede pagar una hipoteca, este Gobierno habrá empezado a gobernar para las personas. Porque siempre parece que gobiernan para la historia y los mercados.