Una esperanza, por el amor de Dios

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

24 feb 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

Contra Zapatero vivíamos mejor. Los cronistas, quiero decir. Si ahora tuviéramos a Zapatero en la gobernación, las previsiones de la Unión Europea para nuestro país serían igual de malas. Pero don José Luis habría salido a escena y habría dicho: «Solo son previsiones, y las previsiones sobre España se han equivocado siempre». Como quien está al frente del quiosco es de Pontevedra, a uno de Pontevedra no lo pillan libando de un brote verde. Así que don Mariano husmea el horizonte, se acuerda del maestro Murphy y aplica su norma fundamental: si Europa dice que la perspectiva es mala, yo la empeoro un poco más. Si acierta, quedará como un tipo realista que nunca ocultó a su pueblo la gravedad de la situación. Si las cosas salen mejor, es que ha gobernado muy bien. Tan bien, que, partiendo de una negra previsión, consigue un resultado aceptable. Eso es arte. El arte de la política.

Más allá de este arriesgado juicio de intenciones, lo cierto es que pintan bastos. Este bisiesto que iba a ser de recuperación gracias a la fe mariana, será todavía un año de calvario, porque las previsiones de Bruselas no son una profecía, sino una sentencia. La escala está escrita: aplicación de la rebaja a los presupuestos, que frenará más la actividad; caída del crecimiento, que traerá más caída del empleo; más parados, con sus dramas personales y los subsidios que aumentarán el déficit; más esfuerzo fiscal para esas ayudas, aunque Bruselas afloje un poco la soga, y desaliento colectivo hasta que se empiece a ver la luz. ¿Para cuándo? Allá para el último trimestre.

Y a todo esto, una reforma laboral cuyos efectos en el corto plazo dependerán de la voluntad de los empresarios para ponerse a despedir más barato y sanear sus empresas. Y a todo esto, un informe de Cáritas que desnuda la realidad social de forma cruel y nos muestra cómo somos: un pueblo rápidamente empobrecido, una parte numerosa de la sociedad metida en el nivel de la pura subsistencia y una clase media que se está muriendo como tal, asfixiada entre la opulencia de una minoría selecta cada día más enriquecida y una mayoría que avanza hacia la proletarización.

Y encima, llegan las recetas de los gurús: ese gobernador del Banco de España, que propone devaluar los salarios y los precios, como si los salarios no estuvieran ya devaluados; ese Bill Gates, que se pregunta por qué habiendo tanto paro en España no se rebajan los salarios, en la opinión más fríamente tecnocrática que se puede expresar; esas rebajas salariales que posibilita también la reforma laboral? Es el incómodo panorama de este día. Ante él solo sé decir: por el amor de Dios, que alguien nos dé una esperanza. Una esperanza. Ni siquiera pido una solución.