En términos políticos, me sorprende que siga el debate sobre si el presidente Rajoy ha mentido a los españoles al afirmar, incluso en el debate de investidura, que no iba a subir los impuestos. El propio Rubalcaba, veterano en el oficio, confesó que esto solo le había causado una «sorpresa relativa», porque «es la historia de una mentira que todo el mundo sabía y que al final acabaría saliendo». Estoy convencido de que ambos conocen una frase de Otto von Bismarck, fundador del Estado alemán moderno: «Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería».
¿Ha contado Rajoy, en su campaña, «una mentira que todo el mundo sabía»? Y si fue así, ¿cómo se explica que lo hayan votado tan masivamente los españoles y que ahora lo sigan apoyando? Algo falla en esta ecuación, y quizá es la propia palabra mentira. Tal vez porque, como dijo Mark Twain, «hay tres clases de mentiras: la mentira, la maldita mentira y las estadísticas». ¿A cuál de ellas pertenece la afirmación de Rajoy, luego desmentida por la realidad? ¿A las estadísticas?
Otro escritor, el francés Merimée, dijo algo revelador: «Toda mentira relevante necesita un detalle circunstancial para ser creída». Por esta línea de argumentación es más fácil avanzar. Porque el detalle circunstancial -y bien gordo- podría ser la propia crisis (o la mera novedad de un déficit público mucho mayor del previsto), que agudiza la necesidad de argumentar la esperanza como sea. Por eso creo que Rajoy, lejos de mentir, se apiadó de nosotros y nos ofreció una ilusión real, deseada, y convenció a muchos no de que no iba a subir los impuestos, sino de que había una salida a la crisis.
Se dirá que me ha sobrevenido un arrebato milonguero de jugar con las palabras y sus significados, y puede que sea así. Pero la realidad es que yo siempre supe que Rajoy iba a tomar las medidas más directas para lograr su primer objetivo: reducir el déficit. Mentiría si ahora me dijese sorprendido por la subida de impuestos y los recortes, porque no es así. Aunque Rajoy haya incumplido una promesa de su campaña.