Nada por aquí, nada por allá... ¡El 5,8!

Fernando Ónega
Fernando Ónega DESDE LA CORTE

OPINIÓN

Bien, don Mariano. Como técnica es efectiva: primero deja que todos especulemos sobre el puñetero déficit; después crea suspense sobre su negociación en Bruselas; más tarde, crea expectación sobre el límite de gasto; y cuando todos estamos convencidos de que Bruselas no permitirá relajar el 4,4, sale usted y lo suelta: ¡5,8! Tras estas acciones, el señor Rajoy ha quedado como un hombre independiente (de lo que presume) y como un gobernante autónomo, que decide la política que conviene al país y no se achanta ante las dificultades externas. Enhorabuena. La técnica, insisto, ha sido perfecta. Inmejorable. Eso es arte de acción y comunicación.

Terminado el aplauso, el análisis. Para desafiar así a Bruselas y salirse del 4,4, se pueden adivinar tres claves que están detrás de la decisión. Primera, la clave de la sensatez. «Presentaremos el presupuesto que nos parezca sensato», había dicho Rajoy. La sensatez en estos tiempos enloquecidos es material muy discutible, pero se aproxima bastante al ideal de no irritar más a la sociedad con recortes y sacrificios. La renuncia al 4,4 % es eso: un deseo de no provocar más malestar y, al mismo tiempo, una rendición ante el descontento que se puede observar en la sociedad.

Segunda clave, la autorización externa. Aunque parezca un desafío a la Comisión y a los mercados, Rajoy no es un jugador de póker que se juega la cotización de España en una partida de noche loca. El presidente, razonablemente, ha sondeado a la Comisión, que no puede autorizar una relajación de la disciplina fiscal, pero puede mirar para otro lado y dar una autorización off the record. Y lo mismo hizo la agencia Ficht, que, en una nota sorprendente, consideró razonable un déficit del 6 %, inaudito en una agencia de calificación. Eso ha sido un regalo. Naturalmente, pedido.

Y tercera clave, la perspectiva interna. Si vamos a una caída del 1,7 % del PIB, es irracional plantear un recorte tan fuerte del déficit. Aquí caerán el empleo, la actividad y los ingresos del Estado. Y con esos 600.000 parados más que adivina el ministro De Guindos, subirá el coste del subsidio de desempleo. Mantener un 4,4 % en esas condiciones era un desafío a la ley de la gravedad. Y entre desafiar a Bruselas y a la ley de la gravedad, está clara la elección.

Con esas bases y desde ese realismo, el presidente Rajoy desveló el gran misterio. ¿Saben cuál es el único problema? Que, pase lo que pase, en diciembre del 2013 habrá que estar en un déficit del 3 %. Eso significa que el problema no se resuelve; se aplaza. Quedamos en manos de la recuperación. Si no se produce, el año que viene volverá a ser un año de lágrimas, sangre (Dios no lo quiera) y mucho sudor. Pero eso será, uf, el año que viene.