Humo y humano

Juan Carlos Martínez MEDIO FERRADO

OPINIÓN

03 abr 2012 . Actualizado a las 10:35 h.

L os atardeceres de la semana pasada tuvieron una calidad particular, limpísima, espléndida; la luz horizontal del sol poniente, reflejada en los brotes todavía pardos o amarillos de los carballos y los frutales, iluminó de dorado las huertas de las mariñas coruñesas como pocas veces se puede ver en el año.

Hasta el sábado. Si pudiera expresarse el pesimismo en un paisaje, el cuadro debería reproducir ese cielo ennegrecido, volcánico, cayendo sobre los campos. El mismo nordés que limpió las nubes y permitió aquellas luces gloriosas hizo pasar el fuego de los eucaliptos al bosque húmedo del Eume y avivó el desastre.

Contra la gloria de la naturaleza que revive, el atardecer del sábado fue penosamente humano. Humano y humo son palabras que no comparten raíz, pero podrían. Cada vez que un imprudente o un malvado prende fuego al monte, volvemos a la caverna mugrienta donde nuestros antepasados esperaban, ahumados, la hora de salir a conquistar el mundo. A esa cueva deberían regresar, a cascar piedras, algunos congéneres nuestros.