Bien conozco que un incendio es un incendio, un monte es un monte, y las Fragas do Eume o el Parque do Xurés, dos enclaves singulares con cierta protección ambiental. Incendios y montes, arbolados o no, pueden coincidir, y desde luego coinciden repetidamente, hasta el extremo de generar pérdidas ecológicas y económicas y una industria de servicios -la industria del fuego- para evitar tal coincidencia. La industria del fuego es eficaz si llueve, y los incendiarios -de propósito o imprudencia- juegan un papel predominante en que monte y fuego coincidan.
Los montes son de muchos, el fuego no tiene dueño, y el patrimonio natural de gran valor económico es deber del Gobierno protegerlo y promover su mejora. En mi opinión, los Gobiernos ejercen lícitamente sus prerrogativas cuando optan tanto por políticas proactivas, con objetivos y un planteamiento adecuado, como cuando optan por la inanidad, o un facer que se fai. A los ciudadanos nos corresponde juzgarlos. Los Gobiernos también ejercen su oficio cuando pretenden, y ponen los medios para convencer a los ciudadanos de que lo que ellos hacen es lo justo y necesario. Sea en la innovación, los incendios, el copago sanitario, los impuestos, o la amnistía fiscal para los defraudadores.
Para los impuestos, el copago sanitario, o la amnistía, estos Gobiernos de ahora mismo, en Galicia y en España, han optado por un imperativo categórico y su propia desafección a las medidas por ellos propuestas y adoptadas, agotada su capacidad de argumentar a favor más allá de la «herencia Zapatero» o los «mercados». Obligándonos a aceptarlas por nuestro bien, como purga de ricino.
En el reciente caso de los incendios en las fragas del Eume, con amplia repercusión social y en los medios de comunicación, la estrategia del Gobierno gallego es la propaganda. Y así, en apenas horas, han desarrollado una campaña publicitaria de alta intensidad, en la antigua tradición de las campañas de los accidentes de tráfico, que pretende fijar la atención de los ciudadanos y la responsabilidad de los incendios en los incendiarios y en los propios ciudadanos, por una supuesta pasividad en la denuncia. Campañas publicitarias de re-información o contrapropaganda, pues lejos del educativo, tradicional y ya lejano «cuando un monte se quema, algo suyo se quema», los recientes anuncios del Gobierno gallego, junto al socorrido recurso al Código Penal, tan solo pretenden enmascarar responsabilidades de gobierno. Por eso ofende y desmoraliza a los ciudadanos que la hacienda pública se utilice, propaganda por medio, para eludir la responsabilidad de gobierno. No, esto no es gobernar.