GCR

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

13 abr 2012 . Actualizado a las 13:19 h.

Bien, la cosa está peliaguda. Mi amistad con Gerardo Conde Roa viene de lejos, de cuando yo era el joven representante de Caixa Galicia en Oporto y él un joven consejero de la entidad hoy desaparecida. Yo lo conocía de antes, pero solo entonces nos hicimos amigos. Su única preocupación era la obra social, esa que desapareció bajo la consigna «la mejor obra social es dar beneficios».

Gerardo siempre pareció mayor -en su partido lo califican de tremendista, por la retórica pausada-; mayor de lo que es. Un tipo pintoresco. Con la edad a la que muchos todavía no se han ido de casa, GCR, que era candidato al Ayuntamiento, se cayó del cartel -ya impreso y que hubo de ser destruido- por no aceptar la imposición de la lista de Fraga. Gerardo es conservador y yo no.

Es creyente y yo no. Pero es honrado y yo no. Quiero decir, no así de honrado. GCR está dispuesto a pagar un altísimo precio por el ejercicio del poder para ser buen gobernante. Además de honrado, justo y generoso.

Su caso llega en el peor momento, pero sus enemigos piden su cabeza de manera zafia. Bugallo patea al que le arrebató su largo gobierno en minoría, como el chiste de Gila: «La noche pasada me encontré a tres hombres que le pegaban a otro, y tuve que intervenir: menuda paliza le dimos entre los cuatro».

La izquierda se indigna porque un emprendedor que no puede viabilizar su negocio decide pagar antes a sus proveedores, personas de carne y hueso, que al Estado. Acabar y entregar pisos en lugar de pagar sus deudas al Estado y dejar a la gente en la calle.

Gerardo no ha robado, no ha escondido, no se ha quedado con nada. Ha hecho lo que muchos hacemos. A mí el mes pasado me ha embargado Hacienda. Hoy esto está zanjado, pero si yo fuera político, mi cadáver en este momento estaría bajando por el río. Yo no puedo ser político por lo mismo que no puedo tener blog en Internet: me molesta que me insulten. Gerardo está pagando el alto precio de la política. Pues allá ustedes.