París, recuncando

Juan J. Moralejo EL ORÁCULO DE DELFOS

OPINIÓN

18 abr 2012 . Actualizado a las 07:00 h.

He recuncado en París. Ya había estado, pero de aquella casi no te lo viera porque te era diciembre, bajo cero, nieve y noche cerrada a media tarde. Ahora le he dado un meneo de no te menees y se me queja la cadera derecha, artrósica la pobriña, que sufre en París y en su metro una añoranza feroz de escaleras mecánicas. Y no la conmuevo con que vamos a regodearnos, catatónicos y báquicos fifty-fifty, con la Victoria de Samotracia, Le fifre de Manet, o cualquier cosilla de Renoir, Modigliani... Siento pena por unas majestuosas y magistrales Bodas de Caná del Veronese porque son en Le Louvre la pared de enfrente de la Gioconda, atiborrada de fans que no vuelven la cabeza así les des una colleja. Por cierto que, ya que hablamos de devotos de Monna Lisa, es momento de recordar que en París quedan ya menos franceses que japoneses y, aínda por riba, los japoneses tienden a infinito.

Ñoras, ñores, París es una gloriosa desmesura de arte, de historia, de humanidad, de urbanismo y de mil cosas buenas más, aunque en algún caso su grandeur pueda parecer un tanto gonflée. Si me gusta la Avenue des Champs Elysées es porque tiene un aire que me recuerda la ronda de Outeiro coruñesa o tantas otras maravillas que a diario roemos los del Apóstol.

Y, por supuesto y para aquellas latitudes, me mola destacar que en metro y autobús es habitual que el joven ceda el asiento a la persona de edad y, si no peco de machista, también se le cede a las mujeres; en todo cuanto lugar es de respeto cultual, institucional, histórico... no se oye una voz más alta que otra, hay saber estar y no hay riesgo de dar con el cretino que me dijo que en el Pórtico de la Gloria gritaba como le petaba porque él no era católico...

Tiene París una memoria histórica con muy buenos criterios de acomodarse a todos los gustos y credos: por ejemplo, en La Conciergerie, prisión previa a la guillotina, no falta una reivindicación ¡vaites, vaites! de María Antonieta ni se oculta que el Terror de Robespierre, Fouquier-Tinville, etc. fue eso, terror puro y duro que arrasó todo criterio y garantía de justicia, dignidad, etc. por el que se habían esforzado y peleado los revolucionarios. Es bueno ver luego que esos dos que acabo de citar no pueden estar, ni mencionados, en un Panthéon en el que sí pueden estar Voltaire, Marat, Hugo, Zola, Gambetta, Marie Curie, Jean Monnet... en una larguísima lista casi diría que abusiva de quién es Francia en Europa.