Los cuatro elementos del peronismo en Vigo

Helena Castedo DEL REVÉS

OPINIÓN

27 abr 2012 . Actualizado a las 11:07 h.

S i de algo estoy segura es de que las palabras siguen matando, como han hecho siempre. El socialista Carlos Príncipe dio con la palabra al calificar de peronista el régimen de Abel Caballero. Y lo han matado. Incluso en los tiempos de Fraga, Príncipe ya era un crítico per se, con el que convivían Abel Caballero o antes Pérez Mariño, pero las amenazas de expulsión quedaban siempre en amagos.

Esta semana el exalcalde cometió el error de acertar con la palabra. Así que tal cual habría hecho Perón, Evita o la señora Kirchner, Abel Caballero ha forzado la expulsión del disidente, ya solo falta el destierro. Pero ¿por qué está instaurado en Vigo un régimen peronista, utilizando el mortal dardo de Príncipe?

Cuatro son los elementos que han impuesto el peronismo a lo PSOE en Vigo, además de la obviedad de que la primera condición es la de que exista alguien que conciba el ejercicio del poder a lo Perón. El primer elemento es la debilidad congénita del socialismo gallego. Touriño no consiguió evitar que Blanco impusiese el virreinato de Caballero, y Pachi Vázquez todavía es hoy que se pellizca por las mañanas cuando se mira al espejo como ganador del último congreso del PSdeG al tándem Espinosa-Caballero. Que Caballero apadrinase a la exministra fue lo que le dio la victoria a Pachi Vázquez. A pesar de saberlo, deja que gobierne como un príncipe medieval y le ríe la gracias en una entente cordial, pero mortal ante el electorado gallego, como lo fueron para Espinosa los abrazos de Caballero ante los delegados del congreso socialista.

El segundo elemento o el primero en importancia no es otro que Santiago Domínguez y lo que queda del BNG en Vigo. Caballero zarandeó a los nacionalistas durante cuatro años mientras les exprimía sus votos en los plenos. Llegaron las municipales de marzo y el supuesto peronismo resultó que, una vez más, no fue la primera fuerza en votos ni en concejales, pero desde hace un año se los sigue prestando Santiago Domínguez, instalado en una atalaya de oposición moral al régimen desde la que no distingue el daño que le hace a su ciudad y a las siglas del BNG.

El tercero de los elementos apunta a Feijoo, a su secretario general y al resto de la jerarquía de la derecha o del centroderecha como les gusta que les llamen. Unos y otros, incapaces de crear una alternativa al primer mandato peronista -por seguir con la metáfora del disidente- y con todas las pintas de fracasar otra vez en la elección de las personas para reconstruir el PP en la ciudad viguesa.

El cuarto elemento siempre ha estado presente en cualquier régimen y, aunque parezca paradójico, se trata de la nada. Lo importante no es comprar a terceros para que se difundan las loas al régimen por bares y barrios, sino para que se silencie lo que ocurre. Todo régimen paga por el silencio; por la oscuridad total, como al embocar la ría de noche sin luz en el faro.