Es la foto; la más ordinaria, la menos original, la menos creativa. Tiene, encima, el demérito de apartar del primer plano a José Manuel Romay Beccaría en uno de los grandes días de su vida: el día de su toma de posesión como presidente del Consejo de Estado. Pero los periodistas somos así: vemos a un perro y un gato sin ladrar ni hacer «fu», y nos parece la imagen del año. Y ayer los hemos visto. Eran Rajoy y Zapatero: el de la difícil situación heredada y el que administra la herencia. Primera noticia: se hablan. Segunda: no se les oyó echarse la bronca ni siquiera alzar la voz. Son corteses y educados. Cuando se insultan, no tienen al otro delante. En buena lógica, si dijeran lo que piensan, la conversación tendría que haber discurrido así:
-Vaya carajal que me has dejado, José Luis. Tengo que arreglar en semanas lo que has destrozado en ocho años.
-Eso te pasa por no haber arrimado el hombro nunca. Si hubieras echado una mano, todo estaría mejor.
-¿Pero cómo iba a respaldar una política que no tenía ni pies ni cabeza?
-La que no tenía pies ni cabeza era tu oposición. Me dijiste que había hecho el mayor recorte de la historia, y ahora tú haces uno por semana.
-Justamente para arreglar tus desaguisados, tus planes E y tus caprichos de nuevo rico, que has arruinado el país.
-Ya veremos quién lo arruina más, con tu obsesión por el déficit, tus impuestos y tus copagos. Llenarás las arcas, pero dejas al ciudadano sin un euro.
-José Luis: no hubo un gobernante peor ni con menos previsión. Y no es que lo diga yo. Es que hasta sirves de ejemplo en Francia, para avisar de los peligros de votar a un socialista como tú.
-¿Y qué puedes esperar de un tipo de derechas como Sarkozy? Hace poco, bien que me elogiaba. Ahora me critica porque los de derechas no sabéis mantener un criterio.
Más o menos así debiera haber sido la conversación, si fueran dos ciudadanos normales. Como son dos políticos, se sonríen al saludarse, hacen como que olvidan los agravios y dejan las críticas para el próximo mitin o para sus segundos. Dos caballeros no discuten en público, y menos de política. E incluso Rajoy parecía sentir alguna envidia: «Él está ahora más tranquilo. Y yo, pues menos tranquilo». Creo que Zapatero no querría estar donde está ahora Rajoy con la que está cayendo. Pero, a pesar de la que está cayendo, Rajoy no le cambiaría el estatus a Zapatero por nada del mundo. Es que la tranquilidad es privilegio de poetas y retirados. En tiempos de turbulencia, el poder es un sinvivir. Pero todo llegará, don Mariano. Ya ve: con ocho años por delante, Zapatero parecía eterno. Pasados ocho años es apenas una sombra. Si dio una de las fotos del día, es por el perro y el gato.