Cerrada la pugna, se abre el debate

OPINIÓN

07 may 2012 . Actualizado a las 10:11 h.

Aunque la campaña electoral francesa se vio empañada por trifulcas internas de carácter xenófobo o abiertamente demagógico, no se puede negar que el debate entre Sarkozy y Hollande sirvió para colocar en la agenda política de Europa las dos alternativas desde las que se quiere abordar el futuro de la UE y la previa salida de la crisis económica.

La posición de Sarkozy, que está enmarcada en la teoría general de las derechas gobernantes, viene a decir que la UE solo es viable a partir de una estricta e inminente cohesión fiscal. Cualquier otro escenario -vino a decir Sarkozy- implicaría que Francia y Alemania asumiesen buena parte de las deudas generadas por las burbujas y desequilibrios que han protagonizado el crecimiento económico de los últimos años, y afectaría negativamente a los procesos de reforma estructural que deben fundamentar la gobernanza económica y política de la UE.

François Hollande, por el contrario, propugna una creciente flexibilización de los criterios de convergencia fiscal a favor del sostenimiento del Estado de bienestar, y una intervención del BCE que esté específicamente orientada al crecimiento y a las políticas activas de empleo. Claro que, al contrario de lo que hace Sarkozy, el señor Hollande nunca se ha parado a explicar de dónde van a salir los recursos de su plan, que, tanto si se financia mediante bonos europeos como si se hace mediante inyecciones masivas de euros en el conjunto de los Estados, podría tener consecuencias demoledoras para la moneda común y enviar un pésimo mensaje sobre el futuro de la UE.

Los dos modelos existen, con ventajas e inconvenientes. Pero es un peligro que, mientras el proyecto Sarkozy se analiza a corto plazo, para destacar sus negativos efectos sobre el modelo de bienestar, la propuesta de Hollande -muy compartida en la calle- funciona como una utopía política exenta de cualquier análisis de viabilidad económica y de cualquier pronóstico sobre los efectos que tendría sobre el indisciplinado gallinero europeo.

La síntesis de estas dos alternativas -ya que Grecia parece apostar por la anarquía económica y el «Zeus proveerá»- solo puede surgir de una correcta priorización de objetivos, en la que Merkel no estuvo tan fina y persuasiva como debiera. Porque tan cierto es que Europa carece de sentido si no es capaz de convertir su riqueza en un modelo sostenido de bienestar, extendido con justicia e igualdad (tesis Hollande), como que ese crecimiento no se puede lograr conjunta y solidariamente si antes no se logra una convergencia fiscal que determine la efectiva gobernanza de la UE (tesis Merkel & Sarkozy). Y en este asunto, por desgracia, el orden de los factores altera el producto. Porque no puede haber mayor error que sacrificar el futuro en aras de un presente miope y de muy dudosa sostenibilidad.