Como cada mes de mayo desde hace unos años, acudo a Turín, a la capital del Piamonte oculta tras los Alpes, que celebra una auténtica fiesta de los libros, con los libros. Un festival de literatura que subraya la importancia, aún vigente, de leer y de escribir. De contar el pensamiento europeo y de afianzar nuestra memoria compartida.
Tres años atrás comenzó la crisis económica a golpear duro el corazón del sur, con saña en España e Italia, con sufrimiento ciudadano y con interrupción democrática nombrando a un «interventor de prestigio» al frente de la República. Monti aplicó la receta germanocéntrica de Merkel desterrando el populismo berlusconiano y haciendo exhumar amistades peligrosas de la Liga Norte y de Humberto Bossi, coleccionista repentino de diamantes y lingotes de oro.
Los italianos, como los españoles, con la prima de riesgo deslizándose peligrosamente por la afilada hoja de acero de la frontera del rescate, están con l?acqua a la gola haciendo malabarismos parlamentarios en un paisaje donde ha vuelto a aparecer la Europa del no, representada por un popular cómico que en los recientes comicios municipales sumó un importante número de votos: el Movimiento Cinco Estrellas de Beppe Grillo, que gobierna varios municipios italianos basándose en un programa de mínimos vertebrado en torno al antieuropeismo, en el no a Europa.
Como los seis millones de votos que dieron al Frente Nacional de Marine Le Pen un respaldo de más del 18 % en la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas a la espera de una particular toma de la Bastilla el próximo mes en los comicios para la Asamblea, con un programa repleto de noes a Europa, a los emigrantes desde una lectura ¿edulcorada? de la xenofobia de siempre, plagado de viejos eslóganes y peligrosas consignas.
No tan groseramente torpes como las soflamas de los neonazis griegos de Nikos Michaloliakos, que la grandeza generosamente ingenua de la democracia sentó en el Parlamento heleno.
Es la Europa del no, la cainita, navegando en la balsa de la Medusa, la que devora a sus hijos, la que cuestiona «todos los males que nos ha traído el euro», la Europa ciega y negacionista, la que emerge en formaciones de dudosa legitimidad democrática de Austria, Holanda y Bélgica con inquietante eco. La Europa que se niega a sí misma avanza como un mal presagio. Turín con el sol de mayo hospedado en el Piamonte, permanecía ajena en su belleza a las duras convulsiones que sacuden la economía del sur de Europa.