La cruda realidad

OPINIÓN

16 jul 2012 . Actualizado a las 06:00 h.

L a crisis que viene arrastrándose dista mucho de considerarse superada a nivel global y mucho menos al de nuestro país. En EE.?UU., por donde comenzó, en el pasado mes de mayo se crearon menos de la tercera parte de los empleos que son necesarios para reducir la tasa de paro, que ahora está en el 9,1 %. El presidente de la Agencia Federal ha declarado recientemente que la recuperación será frustrantemente lenta y desigual, en un contexto de crecimiento del 1,8 %. Es el principal problema de Obama para su reelección. En la Unión Europea el ultimátum dado a Grecia por la Comisión -no hay plan B- es una muestra clara de que nos encontramos ante una situación delicada. Que no es un problema aislado se reconoce fuera de Europa, lo certifican los mercados y afecta también a España.

La cruda realidad es que tenemos el doble de parados que los americanos, crecemos por debajo de ellos, hay un alto endeudamiento y nos estamos empobreciendo colectivamente. Es verdad que nuestra renta por habitante coincide prácticamente con la media europea, pero hemos bajado dos puntos. No hace falta acudir a las grandes cifras económicas, ni tranquiliza la controversia parlamentaria del presidente del Gobierno y el líder de la oposición sobre algunas de ellas. Existen motivos para la indignación, se manifieste o no públicamente, y en todo caso para la preocupación.

Las cacareadas reformas no han producido el efecto pretendido. Tampoco parece que la aprobada transitoria y agónicamente sobre negociación colectiva llegue a tiempo para incidir positivamente en la situación. Además, el modo de su aprobación, gracias a la abstención in extremis del PNV y de CiU evidencia la fragilidad del Gobierno y anima a la especulación de los mercados. Aumenta la preocupación. En un final de legislatura y tal como ha ido desarrollándose es inimaginable un pacto de Estado. Tal vez un adelanto de las elecciones no sea la panacea, pero no es inocuo el agotamiento que reitera el presidente ya que la situación actual duraría hasta bien entrada la primavera. Habría que comprobar si después de las últimas elecciones la composición de las Cortes refleja la realidad social.

No es de esperar una acción taumatúrgica de una posible y, al parecer, probable alternativa. Habrá siempre cabida para soluciones más acertadas, pero lo que va a ser crucial es el reconocimiento de la dura realidad que atravesamos. La percepción social es que no hemos cobrado conciencia de la profundidad y previsible duración de la crisis. Costará tiempo y esfuerzos recuperar lo perdido. Es posible, pero esa conciencia es imprescindible. A partir de ahí podrá recabarse la colaboración de la sociedad y llevar a su ánimo los sacrificios que se requieran y que no sean lesivos para lo fundamental. La sinceridad es clave para tener la autoridad moral de reclamarlos. Es difícil que la tenga quien estuvo desconociendo la crisis durante mucho tiempo y ha impulsado después medidas contrarias a sus confesadas convicciones electorales.