L os sanfermines y la Gioconda tienen un punto en común: su fama tiene alcance mundial. Los sanfermines son quizá tan famosos como los carnavales de Río. Y la Gioconda, de Leonardo, es el cuadro más reproducido del arte occidental. ¿Y por qué se hicieron famosas en el mundo las fiestas de una ciudad como Pamplona, que, hasta principios del siglo pasado vivió encerrado en sus murallas medievales? La historia del salto de Pamplona a la fama internacional nació con la llegada a la ciudad, en 1924, de Hemingway, que volvió a visitarla en otras siete ocasiones. Su excelente novela Fiesta, en parte ambientada en diversos parajes de Navarra y publicada en 1926, catapultó los sanfermines, en primer lugar a Estados Unidos y el Reino Unido, y después, a través de sus traducciones a varios idiomas, a otros países.
La Gioconda, como, en estos momentos, el Códice Calixtino gallego, le debe su fama a un delito: la tabla fue robada del museo del Louvre en agosto de 1911. El robo, perpetrado por un mecánico italiano que mantuvo oculta la tabla, en su domicilio, debajo de una cama, durante casi tres años, desató miles de noticias en los medios de comunicación. Así se gestó su fama. Los sanfermines son, sobre todo, unas fiestas para ancianos. ¿No es la vejez la mejor edad para correr delante de los toros en la calle de la Estafeta, y aun mejor, en el tramo inicial del encierro, en la cuesta de Santo Domingo, que es una cuesta arriba bastante empinada? Como diría Obama, que es un gran bailarín, paisanos del mundo entero, que no decaiga la fiesta.